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La bailarina paraguaya Ana Victoria Martínez (16), una de las siete estudiantes becadas para formarse en la Escuela de Teatro Bolshoi en Brasil (Escola do Teatro Bolshoi no Brasil) desde el año 2014 –única sede fuera de Rusia bajo la dirección de Pável Kazarián–, estuvo de vacaciones en Paraguay y ofreció un taller de danza clásica para nivel inicial, como contrapartida artística al Fondec, por el apoyo recibido por parte de la citada institución para usufructuar la beca.
“Este es el cuarto año que me otorgan la beca, según mis calificaciones tanto del Bolshoi como mi promedio del colegio. Se debe mantener un promedio seis mínimo”, explicó Martínez, ex alumna de la Escuela Municipal de Danzas de Asunción.
La joven empieza su día a las 6.00, va al colegio, luego al Bolshoi. Almuerza, va al gimnasio y posteriormente practica piano, ambas cosas en la misma escuela. A las 14.00 inicia sus clases regulares, “pero cuando soy seleccionada para elenco me quedo hasta las 21.00”, agrega la joven.
Las clases regulares consisten en materias como danza clásica, contemporánea, piano, carácter, repertorio, historia del arte y teatro.
Para Martínez, mantener su beca es de suma importancia, pues incluye todo lo referente a la escuela; no solo el pago de las clases, sino también uniformes, alimentación, gym, fisioterapia, odontología, asistencia médica, viajes, pasajes en bus, etc.
COSTOS. Ana Martínez detalla que lo que la beca no incluye es el pago de vivienda y alimentación. “En Joinville (ciudad de Santa Catarina) hay madres sociales, personas encargadas de nosotros ahí. Ellas son las tutoras legales, nos representan, alimentan, acompañan al médico, gestionan asuntos del colegio, documentaciones, lavan la ropa y limpian la casa, por lo que abonamos 1.100 reales (casi G. 2 millones por mes)”, explica.
Además se suman los gastos de pasajes, documentos y temas personales, lo que asciende a un total de G. 10 millones por año. “En mi caso, no podría estar ahí si no fuera por el Fondec, que cubre prácticamente el costo de la madre social”, afirma.
OPORTUNIDADES. “El Bolshoi, además de ser un lugar que ofrece mucho aprendizaje, nos da la oportunidad de conocer y ensayar con bailarines de primer nivel, reconocidos por su arte en todo el mundo”, cuenta Ana.
La bailarina paraguaya destaca la enseñanza recibida del renombrado bailarín ruso Vladimir Vasiliev, único galardonado por la Academia de Danza de París con el título de mejor bailarín del mundo, y de la bailarina Tatiana Leskova, francesa de ascendencia rusa, nacionalizada brasileña.
Martínez ya participó de importantes eventos como la gala del Festival de Danza de Joinville, donde interpretó Danzas Polovitsianas, y del ballet El Príncipe Igor, al lado de estrellas como Mayara Magri.
APOYOS. Para llegar a vivir las experiencias que acumula Ana Victoria, fue importante un camino previo, ya que con solo 13 años ella partió a Brasil, pero no sin antes obtener una formación previa que la llevó a ganar la beca.
“Fue muy importante el apoyo de mi familia y también de las autoridades, maestros y directores que me impulsaron a estar hoy en el Bolshoi. Estoy muy orgullosa de pertenecer a la Escuela Municipal de Danza de Asunción, donde encontré maestros que me dieron mucho apoyo y confianza, como la profesora Teresa Cassanello, y quien en su momento era la directora, Marilyn Candia”, recuerda Martínez.
La bailarina, que en 2017 realizó dos giras con la Compañía Bolshoi (una a Río de Janeiro y otra a Paraná), considera que en Paraguay “hay muchísimo talento en diferentes áreas”. “Creo que solo necesitan apoyo, por eso valoro el recibido de parte del Fondec. Para familias de bajos recursos económicos son un puente para el desarrollo cultural”, afirma.
ADAPTACIÓN. Para Ana Victoria fue fácil la adaptación a la rutina de la beca en el Bolshoi. “Me adapté muy rápido, fueron muy hospitalarios con nosotros los paraguayos, y el idioma no me resultó difícil”, recuerda.
Lo que experimentó con dificultad fue la etapa de adaptación a las reglas y a una nueva cultura. “Se extraña la familia, los amigos, nuestras costumbres. Por ejemplo, cuando mi mamá me visita lleva chipa, y otras mamás queso paraguay y harina de maíz para hacer sopa”, relata jocosa la bailarina.
Martínez tuvo que pasar de ser una adolescente cuidada por sus padres a una niña con madurez para asumir responsabilidades, como controlar sus horarios, cumplir obligaciones y reglas del nuevo círculo social.
“Aliento y apoyo a todo aquel que quiera vivir esta experiencia. Mi sueño es, algún día, bailar para una compañía europea y después que esté llena de aprendizaje volver a Paraguay”, confiesa.