Horas después de que se restaurara la calma en El Cairo, epicentro de las manifestaciones, hombres armados asaltaron una patrulla del ejército en la localidad de Abu Zuer, en la provincia de Ismailiya, junto al canal de Suez.
Seis soldados fallecieron en este ataque, el más grave de los registrados en los últimos meses contra las Fuerzas Armadas fuera de la conflictiva península del Sinaí, lo que eleva los temores a una eventual escalada terrorista.
Poco después, en la ciudad de Tur (en el sur del Sinaí), la explosión de un coche bomba frente a la sede de la Dirección de la Seguridad Central causó la muerte a tres agentes, cuando en el interior del complejo se celebraba una reunión de altos cargos.
Dos civiles perecieron también en este ataque, informó a Efe una fuente de los servicios de seguridad, que agregó que medio centenar de personas sufrieron heridas, entre ellas el general Hatem Amin, asistente del jefe de la Seguridad Central provincial.
Las primeras pesquisas apuntan a que el atentado fue perpetrado con un vehículo de la policía robado recientemente y conducido por un suicida.
El Sinaí es escenario desde hace dos años y medio de ataques contra las fuerzas de seguridad egipcias, aunque normalmente estos suelen tener lugar en el norte de la península, donde la actividad de los grupos yihadistas es más intensa.
Además de los ataques contra el ejército y la policía, desconocidos dispararon hoy también dos cohetes RPG contra un centro de emisiones por satélite en El Cairo.
No se registraron víctimas en este ataque, que si provocó daños materiales limitados en las instalaciones, situadas en el barrio de Maadi, en el sur de la capital.
El fiscal general, Hisham Barakat, ordenó acelerar las investigaciones sobre este ataque y encargó a la Seguridad Nacional y a la Policía Judicial capturar a sus autores.
Barakat también pidió aligerar las pesquisas relativas a los sucesos violentos de ayer en El Cairo, cuando fueron arrestadas 423 personas.
Los detenidos están acusados de asesinato, vandalismo, destrucción de propiedades públicas y privadas, y ataques contra las fuerzas de seguridad, entre otros.
El estallido de violencia vivido ayer en Egipto se saldó con 51 muertos y 375 heridos, la mayoría de ellos en la capital, según el último recuento oficial del Ministerio de Sanidad.
La policía se enfrentó con seguidores del depuesto presidente Mohamed Mursi, que salieron a las calles para reclamar su restitución en una jornada festiva en la que se celebraba el cuadragésimo aniversario de la guerra de 1973 contra Israel.
Los islamistas comenzaron a despedir a sus fallecidos anoche, y algunos de los funerales celebrados hoy estuvieron acompañados de manifestaciones, según explicó a Efe el portavoz de los Hermanos Musulmanes, Islam Taufiq.
Pese a la matanza de la víspera, la cofradía ha convocado una nueva semana de protestas bajo el lema “El pueblo recupera el espíritu de octubre”.
Hicieron un llamamiento a los estudiantes universitarios para que se manifiesten mañana para condenar “la continuación de las masacres contra los egipcios” y a sus seguidores a que el próximo viernes intenten llegar a la plaza cairota de Tahrir, algo que hasta el momento las fuerzas de seguridad han impedido.
Las autoridades egipcias acusan de ser “terroristas” a los manifestantes islamistas, a quienes muchos en el país consideran extremistas dispuestos a perpetrar atentados.
Al respecto, la Liga Árabe expresó hoy su compromiso en ayudar a Egipto en su “lucha contra el terrorismo” y aseguró que lo que sucede en este país es “lamentable”.
En un discurso anoche con motivo del aniversario de la guerra contra Israel, el jefe del Ejército, Abdel Fatah al Sisi, aseguró que los soldados seguirán cumpliendo el “mandato del pueblo para afrontar el terrorismo”.