14 jul 2026

Alemania celebra el 125 aniversario de Tucholsky, icono del antimilitarismo

Berlín, 9 ene (EFE).- Alemania conmemora hoy los 125 años de nacimiento del crítico, poeta, novelista y periodista Kurt Tucholsky, considerado como la consciencia crítica de la República de Weimar y uno de los íconos del pacifismo y del antimilitarismo germano.

Grabado de la primera guerra mundial titulado "Escenas tristes de la guerra", que representa a soldados británicos heridos. El conflico mundial fue uno de los más criticados por el escritor alemán, Kurt  Tucholsky. EFE/Archivo

Grabado de la primera guerra mundial titulado “Escenas tristes de la guerra”, que representa a soldados británicos heridos. El conflico mundial fue uno de los más criticados por el escritor alemán, Kurt Tucholsky. EFE/Archivo

Los pseudónimos de Tucholsky a lo largo de su carrera -Ignaz Wrobel, Peter Panter, Theobald Tiger y Kaspar Hauser, entre otros- fueron casi tan variados como su producción, que abarca desde la poesía amorosa hasta el periodismo político, pasando por la crítica literaria.

Tucholsky, nacido en Berlín en el barrio de Moabit el 9 de enero de 1890, publicó en 1928 en un diario, el “Vosische Zeitung”, una lista de las cosas que odiaba y amaba.

Entre sus odios estaban los militares, las coles de Bruselas y “Alemania”, entre comillas, como un gesto en contra de los nacionalistas de derechas. Entre sus amores estaban los lápices con punta bien afilada y Alemania, sin comillas.

Su antimilitarismo se hizo legendario por cuenta de un proceso que tuvo que afrentar, desde su exilio sueco, en 1932.

En el primer número de agosto de 1931 de la revista “Weltbuhne” Tucholsky había escrito, evocando la I Guerra Mundial, que “durante cuatro años hubo muchas millas cuadradas del país en que el asesinato era obligatorio mientras que a media hora de allí estaba estrictamente prohibido”.

"¿He dicho asesinato? Sí, asesinato. Los soldados son asesinos”, agregó Tucholsky.

La última frase le valió el proceso por injuria, el odio de la derecha nacionalista y, también, el ser citado décadas después por manifestantes pacifistas que, a su vez, también han tenido que enfrentar procesos por injuria por utilizar la frase de Tucholsky.

A comienzos de los años 90, por ejemplo, en el marco de las protestas contra la primera guerra de Irak, una condena con injuria contra un manifestante que había usado cartel con la frase Tucholsky fue derogada por el Tribunal Constitucional alemán.

Desde el ala derecha de la Unión Cristianodemócrata (CDU), en ese momento el partido mayoritario de la coalición de gobierno presidida por Helmut Kohl, se lanzó una iniciativa para una ley de protección del honor de los soldados que permitiera penalizar el uso de la frase de Tucholsky, pero nunca fue llevada a trámite parlamentario por dudas constitucionales.

El artículo de 1931 no era el primero en el que Tucholsky denunciaba la guerra como un asesinato y decía que había que referirse a la matanza colectiva con las palabras adecuadas de la biblia y del código penal.

Sin embargo, tras el proceso, pese a que salió absuelto, si sería el último, pues no volvió a escribir. El advenimiento del nacionalsocialismo que ya había pronosticado fue visto por él como el fin del mundo en el que se sentía en casa.

Consecuentemente, en 1935 Tucholsky se suicidó en Suecia al tomar un veneno.

Después de la guerra, su obra ha sido constantemente recuperada desde diversas perspectivas. Los diversos movimientos pacifistas han rescatado sus artículos políticos, que lo convierten en la antípoda del militarismo prusiano.

Otros, como la escritora Katja Lange-Müller, han recuperado su poesía, escrita en un lenguaje cotidiano, muchas veces en dialecto berlinés, y que también tiende a ser un antídoto contra todo tipo de retórica.

Sus textos de crítica literaria -llegó a escribir más de 500 reseñas- han vuelto a publicarse. Fritz Raddtz, por ejemplo, ha escrito que Tucholsky fue uno de los críticos más inteligentes de su tiempo, que supo valorar obras como las de Joyce o de Kafka antes de que esto fuese algo obvio.

En muchas de sus reseñas también es posible encontrarse al Tuchoslky que se había impuesto como programa de trabajo la crítica de la tradición militarista y el autoritarismo prusiano y, como dice en una nota sobre “El súbdito” de Heinrich Mann, “el ansia de mandar y obedecer” de los pequeños burgueses alemanes.

Por Rodrigo Zuleta

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