Editorial

Adoptar medidas antes de que el Paraguay sea un narcoestado

El Paraguay ha dejado de ser un territorio solamente de paso para el tráfico de cocaína y ha pasado a convertirse en un eslabón activo en la producción de la droga, según una reciente investigación en curso del sociólogo paraguayo Carlos Peris, cuyos detalles de anticipo fueron publicados ayer por este diario. Los narcotraficantes han encontrado en el Paraguay un terreno propicio para lavar sus activos con inversiones que van desde el rubro de la construcción, compra de tierras, estaciones de servicios, hoteles, universidades de frontera y hasta farmacias, además de tener una fuerte presencia en la política y en espacios de poder institucional. Es urgente adoptar medidas que impidan que el Paraguay se convierta en un narcoestado, como ha ocurrido y está ocurriendo con otros países de América Latina.

Durante mucho tiempo, el Paraguay ha sido considerado como un centro productor de marihuana y como un territorio de paso para la cocaína que proviene principalmente de Bolivia, Perú y Colombia, en ruta a Brasil, Estados Unidos y países de Europa. Sin embargo, una investigación en curso del sociólogo paraguayo Carlos Peris, cuyos resultados han sido publicados ayer por este diario, sostiene que nuestro país ya ha pasado a convertirse en un eslabón activo en la producción de la droga, posicionándose como un gran exportador de cocaína hacia Europa.

Los organismos antidroga internacionales han podido comprobar que los contenedores marítimos hallados en puertos europeos, con cantidades récord de cocaína, provienen cada vez más del Paraguay, un país que no cuenta con costas sobre el mar. Uno de los decomisos más significativos fue de 11 toneladas de cocaína, descubiertas en el puerto belga de Amberes a comienzos de abril. La enorme cantidad de cocaína se encontró oculta en un cargamento de cuero que partió del puerto de Villeta, sin que las autoridades paraguayas hayan podido darse cuenta.

Villeta fue también punto de partida de cinco contenedores marítimos con 16 toneladas de cocaína oculta en latas de yeso y pintura, descubiertos en el puerto alemán de Hamburgo a finales de febrero, calificado como el mayor decomiso de la historia en Europa, con valor en las calles que oscilaba entre 1.500 y 3.500 millones de euros (USD 1.800 millones y USD 4.200 millones), según reportó la BBC.

La investigación que realiza Peris sobre el mercado ilegal de la cocaína revela que el desarrollo del tráfico de drogas en el Paraguay pasó por varias etapas desde la era de los grupos policiales y militares de frontera (1950-1967); pasando por los jerarcas militares (1967 a 1989); y la etapa de los patrones zonales (1989 a 2001). Según el estudioso, hoy estamos en la era de los empresarios donde la producción, el transporte y la distribución se hallan en una cadena bajo la lógica del arrendamiento y prestación de servicios.

En un reporte divulgado por la Fundación InSight Crime, especializada en el estudio del crimen organizado, con base en la investigación de Peris, se consigna que “el nuevo rol de Paraguay como trampolín para los cargamentos de cocaína hacia Europa es resultado de dos tendencias: el establecimiento de traficantes y bandas narco en el país y su búsqueda de nuevas rutas de droga transatlánticas”. Gran parte del tráfico es manejado por organizaciones criminales brasileñas asentadas en el país, como el Primer Comando Capital (PCC), en complicidad con grupos y autoridades locales.

Los narcotraficantes han encontrado en el Paraguay un terreno propicio para lavar sus activos con inversiones que van desde el rubro de la construcción, compra de tierras, estaciones de servicios, hoteles, universidades de frontera y hasta farmacias, además de tener una fuerte presencia en la política y en espacios de poder institucional.

Es urgente adoptar medidas que impidan que el Paraguay se convierta en un narcoestado, como ha ocurrido y está ocurriendo con otros países de América Latina.

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