Los bancos y las financieras son negocios y, como tales, quieren ganar dinero. Vamos a arrancar por ahí, nadie pone un negocio para perder plata. De hecho, todas las empresas con ánimo de lucro buscan lograr la mayor ganancia con el menor costo.
Hoy en día, pensar que los bancos buscan algo más noble sería pecar de ingenuo. La persona que pida un préstamo o solicite una tarjeta de crédito sabe que se expone a elevadas tasas de interés (siete bancos superan el 50% en sus tasas de tarjetas).
No obstante, varios bancos obran en forma grosera para apurar los cobros, llegando incluso a atentar contra la dignidad. Están en su derecho de querer ganar todo lo que quieran y recuperar la plata que prestan, pero no hace falta que se rebajen a comportarse como el prestamista del barrio.
¿Sabías que los bancos te cobran por notificarte? ¿Por avisarte que estás en mora? Como si fuera que ya no es suficiente estar en deuda, te inflan la misma cobrándote por la llamada que ellos te hacen (varias veces al día) o por la carta que te envían.
A una persona allegada a mí, un banco (me reservo su nombre) le cobró G. 81.000 solo por avisarle que debía pagar el mínimo, ya que había abonado un poco menos de ese tope. Inclusive el banco amenazó con ingresarla a Informconf si no hacía un pago de G. 300.000 en 48 horas. Es un atropello considerando que su historial crediticio demostraba que este cliente pagaba siempre mucho más del mínimo, y a tiempo. Solo tuvo un mal mes, pero sus buenos antecedentes no sirvieron de mucho.
Por el otro lado, cuando les conviene, sin consultarte, las entidades financieras te emiten tarjetas de crédito y te entregan en la mano. Te dicen que tu buen historial te hace merecedor del dinero plástico.
En mi caso, en una ocasión, un banco me cobró porque su cajero tuvo problemas. Sí, así como suena. Cuando quise sacar mi salario (no era un crédito, era mi plata), la máquina registró mi operación de extracción, pero no expulsó los billetes porque se quedó sin fondos, y no avisó en la pantalla. Llamo a atención al cliente y el telefonista me confirma que el cajero tuvo una falla y me pidió disculpas. Me dijo que mi dinero será reembolsado en tres días hábiles más y para colmo me informa pagaré un pequeño importe por esta operación. La impotencia que sentí era indescriptible. A más de no poder cobrar mi salario, tuve que pagar por el error del banco. No habré sido el único que vivió esto.
Los organismos que velan por las buenas prácticas de los bancos, llámese Banco Central del Paraguay (BCP) o Superintendencia de Bancos (SIP), necesitan tomar medidas a favor de los usuarios y ya no simples palabrerías. El abuso bancario debe ser frenado.