Opinión

Abandonado en la calle

Andrés Colmán Gutiérrez Por Andrés Colmán Gutiérrez

Lo dejaron allí, sentado sobre una silla de madera, en la vereda de la calle Soldado Ovelar, en Fernando de la Mora, con un bolso que contenía sus escasas pertenencias, mirando el paso de los vehículos, mirando hacia un incierto futuro, mirando hacia la nada.

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Lo dejaron allí, como quien abandona un mueble deteriorado o un trasto que ya no sirve, o alguna mascota indeseable, para ver si alguien se lo lleva.

Lo dejaron allí, como quien deja las bolsas de residuos al paso del camión recolector. Solo que no era un mueble, ni un trasto, ni una mascota, ni una bolsa de residuos, sino un ser humano en edad avanzada, con todo el derecho de que se proteja su vida y se respete su dignidad.

Lo dejaron allí, en la mañana del jueves. Según los vecinos, dos hombres —quienes serían sus propios familiares— llegaron a bordo de un auto gris, bajaron al anciano junto a la silla y al bolso, lo hicieron sentar y se marcharon presurosos. Con dificultad, el hombre pudo relatar que se llama Crescencio Montiel, tiene 72 años de edad, estaba viviendo con sus familiares en la compañía Pedrozo, de Ypacaraí, hasta que decidieron desprenderse de él y tirarlo en la vía pública, a mucha distancia de su residencia.

Es tan cruel esta moderna sociedad capitalista, en donde las personas se convierten en desecho cuando ya no aportan una fuerza productiva, cuando se vuelven enfermas y se convierten en “una carga” para sus propios familiares o descendientes, los que muchas veces ya no los pueden mantener en situaciones de pobreza.

Son pocos los adultos mayores que trabajan en un sistema laboral formal y tienen la opción de acceder a una jubilación o pensión mínima.

Tras haber compartido en redes sociales el caso, se puso en contacto la ministra de la Defensa Pública, Lorena Segovia, quien me avisó que la defensora María Concepción Meza estaba interviniendo en el caso.

Don Crescencio había sido rescatado por la Policía y pasó la noche, bien cuidado, en la comisaría de Arroyo Seco. Tras ubicar a los familiares, lograron que una sobrina pase a retirarlo.

Harán un acompañamiento para garantizar que siga bajo protección. “Esperemos no tener que llegar a judicializar algo que debiera resolverse administrativamente, pero lo haremos de ser necesario”, me dijo la ministra Segovia.

Cuánta diferencia con la mayoría de las culturas indígenas, a menudo consideradas primitivas o salvajes, en donde los ancianos son sagrados, protegidos y venerados, cuidados por la comunidad, consultados por su sabiduría (en donde los “consejos de ancianos” son verdadera autoridad). Cuánto deberíamos aprender de estos supuestos bárbaros.

En una antigua y clásica canción, el músico catalán Joan Manuel Serrat describe de un modo muy crudo y poético que “quizá, llegar a viejo/ sería todo un progreso/ un buen remate/ un final con beso/ en lugar de arrinconarlos en la historia/ convertidos en fantasmas con memoria / si no estuviese tan oscuro/ a la vuelta de la esquina/ o simplemente, si todos / entendiésemos que todos / llevamos un viejo encima”.

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