En los próximos 9 meses el presidente Cartes tiene que revertir la percepción generalizada por la cual la ciudadanía no logra distinguir avances significativos en su gestión.
La sensación de estancamiento en todos los órdenes persiste y corre peligro de acrecentarse si no se dan muestras claras de un golpe de timón en la conducción económica y una presencia más agresiva en lo social. Los macronúmeros ya no convencen a nadie, ni siquiera a los sectores más conservadores, como los importadores, los comerciantes y ni qué decir los industriales.
El rumor palaciego más insistente es que ahora sí ya están listos para despegar. Una vez ordenada la casa nada impediría que las cosas comiencen a cambiar positivamente y que para antes de fin de año la población sienta algún alivio en sus bolsillos. Gracias a ello, los operadores de los sectores dominantes de la economía dejarán de repetir en voz baja “con Lugo estábamos mejor”.
A excepción de los bancos, que están ganando más que nunca con la espectacular brecha entre lo que cobran por cada guaraní prestado y lo que pagan por los depósitos, una parte de la industria de la construcción, la ganadería de alto nivel y la ahora menos floreciente agroindustria, el resto del país permanece en una situación financiera catatónica, esperando que pase el temblor, que por cierto se ha hecho muy largo.
Ni siquiera la baja de los combustibles ha generado algún impacto significativo y algunas medidas que hubieran generado por lo menos un leve cambio de humor no se aplican: la ínfima baja del precio del pasaje del transporte público fue considerada una burla por la gente.
En medio de todo ello HC prometió “pintar de rojo” las municipalidades de todo el país este año, doblegando antes a los bastiones internos de su partido, que le han planteado franca y dura batalla rumbo a las internas de julio, incorporando incluso la inédita figura de una bancada hostil de la ANR nada menos que en el Senado.
La tarea es inmensa y el escenario no es el más cómodo. Pretender mejorar la eficiencia de la gestión en un año eminentemente político-electoral puede convertirse en una tarea titánica. Ni siquiera el extraordinario viento a favor que puede significar la visita de su Santidad Francisco en julio sería capaz de obrar un milagro tan extraordinario.
Por eso mismo, es muy probable que para el equipo del nuevo rumbo comience a ser tiempo de elevar plegarias al cielo.