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A 15 años, víctimas del Ycuá aprenden a vivir con el pasado

RECUERDOS. Las imágenes de aquel domingo continúan presentes en quienes estuvieron ahí. FORTALEZA. En estos años, encontraron la manera de lidiar con lo que ocurrió el 1A.

Cada noche, Rocío Ayala levanta la vista al cielo estrellado y mira hacia el lugar donde están las Tres Marías. “Ahí están mis tres angelitos”, se dice a sí misma, recordando a su mamá Claudelina Estigarribia, su papá Carlos Ayala y su hermano Daryl Ayala, quienes fallecieron el 1 de agosto del 2004, en el incendio del supermercado Ycuá Bolaños.

“Recuerdo perfectamente ese día”, dice Rocío, quien en ese entonces tenía cuatro años y ahora cuenta con 19. Rememora cómo sus padres y sus hermanos salieron a las 9.30 de esa mañana y no la llevaron, porque no había más lugar en la moto. Tiene vívida la imagen de dos horas después y las siguientes, cómo la casa que habitaba también con su abuelos maternos y sus tías se convirtió en un concierto de incertidumbre, desesperación y llantos.

Rocío sabía que algo pasaba. Pero no entendía qué. Cuando le preguntaba a su abuela, ella le respondía que se fueron al cielo. “Yo hasta los siete años no entendía qué quería decir eso. Pensaba que mis papás se habían ido lejos. Cada noche, me levantaba y abría la puerta, mirando hacia afuera para ver si venían”, cuenta Rocío.

Bajo los cuerpos que se amontonaban en la entrada, Mirtha Balmaceda pensaba solo en sus hijos, sobre todo en el más pequeño que tenía un año y un mes. Ella y su marido Alcides Giménez estaban pagando sus compras en la caja del súper.

Sus dos hijas y el bebé también iban a ir al supermercado. Pero el auto que tenían se descompuso y así lograron salvarse.

SOBREVIVENCIA

Al igual que muchos familiares y víctimas sobrevivientes, Rocío, Mirtha y sus familias recibieron acompañamiento sicológico. De esa y otras maneras aprendieron a convivir con el recuerdo de lo ocurrido hace una década y media.

Mirtha valora desde compartir con sus hijos cada día, hasta el aire puro que respira.

Rocío estudia y cada logro que alcanza se lo dedica a sus padres y a Daryl. Con su hermana Myrian suele conversar sobre lo que pasó.

“Hay veces que quiero tirar la toalla. Pero –dice Rocío– pienso en ellos y continúo adelante. Se puede convivir con esto. Todo lo que hago es por ellos”.

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