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Opinión
lunes 24 de abril de 2017, 02:00

Universidades sin libros

Sergio Cáceres Mercado – sergio209@lycosl.com
Por Sergio Cáceres Mercado

En vísperas al Día del Libro, recibo como regalo del ingeniero Federico Benítez, hijo del filósofo Justo Pastor Benítez (h), un ejemplar del libro Nuestro mundo, entre la tierra y el cielo, del jurista y docente Salvador Villagra Maffiodo, publicado en 1991 y ya inencontrable en estos días. De entre sus valiosos ensayos se encuentra Tópicos fundamentales de una reforma universitaria, que empieza con este subtítulo: "Necesidad de fomentar el hábito de la lectura". El profesor Villagra reflexiona sobre la situación de nuestra universidad en varios aspectos, y decide iniciar su escrito hablando de lo importante que es la presencia del libro en la vida universitaria. Entre sus recomendaciones, propone que las universidades inviertan en sus bibliotecas.

Esta preocupación de hace tres décadas, no pierde actualidad hoy. Cuando Villagra escribió esto, solo había dos universidades en el país. Ahora hay casi sesenta y, de entre estas, tres más han sido suspendidas en varias de sus carreras por el Viceministerio de Educación Superior, que ya tiene en su haber varias carreras sacadas de circulación ofertadas por universidades de dudosa calidad. De entre las muchas falencias de estas casas de estudio es perpetua la falta de bibliotecas. Aunque en estos tiempos los libros digitalizados son muy accesibles, aún no han llegado a suplantar totalmente a los impresos, cuya presencia en los estantes de las bibliotecas universitarias siempre le da un peso específico a la institución. Una facultad es cualquier cosa menos eso si no cuenta con una biblioteca disponible para sus alumnos, con todas las comodidades mínimas.

Ciertamente, el problema universitario va más allá de los libros, la lectura y las bibliotecas. Estos son simplemente el síntoma de un problema estructural. Solo como muestra, recordemos la eterna queja de los industriales por la falta de personal universitario calificado. Los que egresan y quieren trabajar para ellos generalmente no cumplen los estándares deseados, y los que cumplen dicha necesidad no dan abasto a la alta demanda. Esto dio pie a que los empresarios crearan su propia universidad, (a pesar de que por ley estaba prohibida la creación de nuevas instituciones de educación superior). Ahora tienen una universidad con un alto nivel de exigencia.

Instituir una universidad a la medida de las exigencias no es fácil y demanda recursos que a veces los industriales solamente poseen. Pero al menos como ejemplo deberían servir. El Estado paraguayo sostiene a ocho universidades públicas, y muy poco control tiene sobre ellas. La UNA es un ejemplo claro, y las demás que están en el interior le copian solo en lo feo. La Iglesia Católica también ha decaído en la calidad de su universidad, al punto que días atrás nada más no dejó que un investigador argentino diese una conferencia en su recinto, inventando una excusa burocrática para tal censura.

Ante tan triste realidad de nuestro sistema universitario, ¿Qué hubiese escrito hoy aquel gran profesor Salvador Villagra Maffiodo?