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Opinión
jueves 4 de mayo de 2017, 02:00

Una señal de que no todo está perdido

Por Gustavo A. Olmedo B.
Por Gustavo Olmedo

Parece poca cosa, pero no lo es. Cualquier iniciativa que sea una invitación a cambiar realidades negativas debe ser valorada. Y esta es una de ellas. Actualmente hay siete en Asunción, y en ellas diariamente se depositan alimentos que, de otro modo, tendrían como destino el basurero.

Hablamos de las llamadas Heladeras solidarias, iniciativa que arrancó hace apenas unos meses en nuestra ciudad, y que tiene el objetivo de conservar alimentos en perfecto estado, no comercializable, para entregarlo luego a gente necesitada.

Hasta el momento, la iniciativa ha permitido la distribución de más de 200 kilos de comida, que, reitero, se hubiesen tirado, beneficiando a unas 900 personas de seis instituciones, según datos de la Fundación Banco de Alimentos Paraguay y Pro Asunción.

Está claro que las cifras en cuestión son insignificantes con relación al problema que enfrenta. Sin embargo, la propuesta de estas entidades es una provocación para los empresarios de locales gastronómicos –y otros– acostumbrados a tirar cientos de kilos de alimentos, así como una llamada de atención para la ciudadanía sobre cuestiones como el derroche y el desperdicio. ¿Qué hacemos con la comida que sobra?

Por más solitarias que parezcan, estas iniciativas de la sociedad civil son relevantes, al proponer que la solidaridad deje de ser un acto esporádico de generosidad para convertirse en una práctica constante, abriendo la posibilidad de reconocer al otro en su dignidad; una mentalidad en donde la situación del semejante es tenida en cuenta, en contraposición a la absolutización de la ganancia y la apropiación de bienes como única razón de la existencia y de todo emprendimiento laboral y profesional. Una revolución en un mundo como el nuestro, y con consecuencias incluso en la política.

Ninguna sociedad o nación puede desarrollarse plenamente teniendo como base la indiferencia hacia la necesidad y el sufrimiento de seres humanos, en este caso, de aquellos que no acceden a un derecho humano elemental como es la alimentación.

Y uno puede escudarse o justificarse afirmando que el Estado es el responsable de solucionar la pobreza y la falta de alimentos, y tendrá razón. Sin embargo, es hora también de fortalecer el concepto de la subsidiariedad, tan necesario en Paraguay, que plantea la necesidad de menos Estado y más sociedad.

Por otra parte, estas propuestas son además el reflejo de que en el corazón del hombre siempre habrá un espacio para mirar al otro como un bien para sí mismo y los demás, agrietando esa tendencia individualista tan destructiva en nuestros días.

"Lo que el hombre ha perdido es la conciencia de que su libertad no es mayor cuando puede hacer lo que se le antoja sino cuando elige lo bueno, lo bello, lo verdadero...", expresaba recientemente el abad Mauro Lépori en una conferencia. Un desafío para adherirse a iniciativas "bellas" que transforman realidades negativas, y dejan en claro, a decir de Fito Páez, que no todo está perdido, y que, junto a otros, siempre será posible construir.