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Arte y Espectáculos
miércoles 7 de junio de 2017, 08:50

Una investigación confirma que "El éxtasis de San Antonio Abad" es de Goya

Un minucioso trabajo de restauración de un cuadro sin firma adquirido en 1925 por el Museo de Zaragoza (norte de España), "El éxtasis de San Antonio Abad" o "Muerte de San Antonio Abad", cuya autoría no estaba despejada, ha revelado que es obra del pintor Francisco de Goya.
EFE

Los trabajos fueron realizados por la conservadora del Museo del Prado y especialista mundial en la obra de Goya Manuela Mena y el cuadro formará parte desde hoy de la colección permanente que se exhibe en el Museo de Zaragoza.

Una obra que se creía anónima o atribuida a Francisco Bayeu pero que la exhaustiva investigación y restauración realizada fue revelando poco a poco toda la grandeza de Goya.

Manuela Mena y la restauradora Almudena Sánchez explicaron en la presentación de la obra el proceso de análisis y restauración que el equipo del Prado ha llevado a cabo hasta llegar a la conclusión de que la obra, que no presentaba graves problemas que pusieran en riesgo su conservación pero sí un aspecto estético "muy deficiente", es del artista aragonés.

Mena concretó que vio la obra en el almacén del Museo de Zaragoza y que incluso a través de la suciedad pudo intuir un "escalón superior" a Bayeu, de forma que se trasladó el cuadro al Prado para su restauración y análisis, un trabajo lento y minucioso de un equipo que fue concluyendo que sí podía ser del artista.

El problema en este caso es que está basado en un cuadro de Corrado Giaquinto con la misma composición, que está en una iglesia en Roma, y que existe otro de formato más pequeño también atribuido a Goya que se exhibió en el Museo de Zaragoza hace un tiempo, que es más detallado y delicado y podría indicar que es el que pudo pintar Goya en Roma al ser más fiel al original.

Mena apuntó que el cuadro se pintó entre 1777 y 1781, que era un poco más grande y estaba enmarcado con una banda negra que se conserva en la parte inferior.

Se trata de un cuadro de devoción, en el que la tela tiene un añadido cosido en la parte derecha, como si fuera una obra hecha sobre la marcha para alguien "no excesivamente alejado" de Goya, ya que muestra intimidad y confianza.

Agregó que es "muy posible" que fuera un encargo o un regalo para uno de sus amigos, Martín Zapater, y para alguien estrictamente de su familia.

Lo que singulariza este cuadro, afirmó, es el nivel de abstracción, que está hecho "con una cabeza intelectual, matemática casi", que es una de las características de Goya, que necesita "muy poco para describir mucho", como la forma en la que vuela el ángel o la expresión del santo y su mano agarrada al pecho.

"Hay montones de pequeños detalles que nos están hablando de una forma específica de hacer de este artista", remarcó Mena, quien aseguró que hay determinadas pinceladas, como las del paisaje, que se pueden considerar casi como "una firma" del artista.

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Mena, quien fue subdirectora del Museo del Prado, insistió en que es una aportación "verdadera" al catálogo de Goya frente a otras obras que con "desfachatez" se atribuyen al artista y sobre todo cuando se exponen al público.

Mientras que Sánchez indicó que la pintura no presentaba graves problemas que pusieran en riesgo su conservación, como pérdidas de pintura o un cuarteado peligroso en la capa pictórica.

Sin embargo, su imagen "se había degradado intensamente", de forma que la tonalidad de la pintura era muy oscura y apagada por el envejecimiento de los barnices que cubrían la superficie y el lienzo presentaba importantes deformaciones, a lo que se añadía la "potente" presencia de una costura en la parte inferior derecha.

Pero la restauración, que ha sido "lenta y compleja", ha devuelto a la obra su imagen original.

Un cuadro que representa a San Antonio Abad en éxtasis momentos antes de su muerte. El santo anacoreta está en un lugar apartado sentado sobre una roca al atardecer, extasiado por la aparición del ángel mancebo que con su mano izquierda señala al cielo.

A los pies del santo hay un cuenco para beber agua, un libro abierto y una calavera sobre otro libro cerrado, símbolos del ascetismo y de la penitencia.