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Opinión
sábado 1 de octubre de 2016, 02:00

Una foto, dos frases y una explicación

Por Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com
Por Alfredo Boccia

No esperaba que el tercer aguinaldo que los diputados regalaron a sus funcionarios despertara tanta indignación colectiva. Lo hicieron antes tantas veces que me sorprendió la dimensión del enojo ciudadano. Los comentarios en diarios y redes demuestran que –por lo menos en la virtualidad informática– los paraguayos ya no somos apáticos. Apunto algunos elementos que enardecieron a la gente.

La foto está en el primer lugar, porque fue una bofetada al sentido común. Es la del festejo de los funcionarios públicos mejor pagados del país luego de que los diputados cedieran a sus presiones. Era un privilegio abusivo que debía ser celebrado discretamente. Pero no se aguantaron y salieron a mostrar su furioso poder. Cada grito, cada gesto de esa turba ofuscadamente patotera, era una irritante cuchillada en el alma de miles de trabajadores públicos que sueñan con su único y escuálido aguinaldo.

Luego, las frases. Primero la del funcionario Richard Gómez, quien consideró que son víctimas "satanizadas"; que antes trabajaban solo seis horas y que "inconstitucionalmente" ahora deben cumplir ocho; y que si los del Ministerio de Hacienda tenían muchos aguinaldos, ellos también tenían derecho. El señor Gómez, desde lo alto de su sueldo de más de 17 millones de guaraníes, concentró en minutos la ira de miles de cibernautas que lo insultaron hasta en coreano. No recordaba haber visto algo así. Pero lo que yo consideraba un récord, duró solo unas horas.

Lo batió el ministro de Hacienda, Santiago Peña, con una de las frases menos meditadas del año. Sostuvo que no podía recortar los "aguinaldos extras" de su cartera porque sus funcionarios podrían renunciar. Los lectores consideraron que los tomaban por idiotas. Que aunque los empujen, no dejarían el puesto público para aventurarse en el mundo privado, donde no se pagan esos sueldos ni se ofrecen tantas gratificaciones. Y, si llegan a salir, la lista de los dispuestos a reemplazarlos sería inmensa. ¡Pobre ministro! No recuerdo a alguien tan puteado, en tan poco tiempo, por tanta gente.

Y, por último, lo de la explicación. 69 diputados apoyaron este abuso. Por temor, porque tienen operadores políticos en la nómina o porque no se imaginaban el enfado de la gente. Casi todos son colorados o liberales. De muchos de ellos no se esperaba otra cosa. Pero también hubo votos de la izquierda que dejaron confundidos a sus propios seguidores. ¿Qué es esto de exigir austeridad y honestidad al Gobierno y luego votar a favor de privilegios para una ínfima minoría? La justificación que dieron sonrojaría a Cantinflas, por rocambolesca. Y eso también generó un volcán de críticas. Al final, el que quedó bien parado fue Horacio Cartes, con un decreto que arregla las cosas a medias, pero que fue aplaudido por los parroquianos. Decir que todo fue orquestado por él, sería subestimar la cobardía y mediocridad de los diputados.