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Opinión
martes 29 de agosto de 2017, 02:00

Un país en marcha

Brigitte Colmán - @lakolman
Por Brigitte Colmán

No marcha sobre ruedas, pero marcha. Y lo hace todo el tiempo por alguna causa.

Durante semanas los pequeños productores reclamaron la condonación de sus deudas. La gente en las calles se molestó muchísimo y en las redes sociales si que fue todavía peor. Hace rato no veía tanto desclasado pidiendo cárcel para el que protesta.

Al final todo el mundo se puso en contra de los agricultores y nadie les reclamó a los parlamentarios ni al Gobierno una solución. Por cierto, los dueñitos de la verdad se enojaron muchísimo con los campesinos, pero no les importó que los senadores haraganes no fueran a su lugar de trabajo, y eso que les pagamos más de lo que se merecen...

Esta falta de resolución significa que en cualquier momento van a volver a taponarte las calles y vas a volver a plaguearte y a pedir que la Policía reprima, aunque sean esas señoras humildes que hacen posible que haya lechuga en tu ensalada.

Otros que marchan cada tanto, son los maestros. Y parece raro pero siempre están pidiendo lo mismo. No, no es solo que pidan más plata, que está bien, es que el trabajo de estas personas es uno de los más importantes del mundo, y sin embargo ellos tienen que hacer huelgas y llenar las calles con sus reclamos para que la sociedad se acuerde de que existen.

Este es otro rubro que al Gobierno no le importa. La respuesta corta siempre es que no. No hay plata para sus aumentos, ni para capacitarlos. Mientras tanto se deja pasar el tiempo y el futuro se ve cada peor; y el Paraguay sigue ocupando vergonzosos lugares en todos los ránkings de calidad educativa.

Siguiendo con las marchas, esta semana les toca a los estudiantes. Una de las organizaciones que reúne a los secundarios invita a protestar para exigir más presupuesto para infraestructura y para la educación técnica.

Así es este país de maravillas, donde los estudiantes tienen que abandonar las aulas para salir a las calles a pedirle al Gobierno más recursos para ellos puedan tener mejor educación. Las escuelas se caen y los niños pobres aprenden a leer debajo de la sombra de un mango.

Seguro me olvido de otros marchantes, pero no se puede mencionar a todos, como los barrabravas cuando marchan hacia el estadio y dejan cual Atila, violencia y destrucción a su paso, o los cuidacoches, ídem, pero eso ya es otro tema. Lo dejamos acá por ahora, ya comenzó el tiempo electoral en el que todos fingimos demencia y participamos del simulacro de democracia, aunque sepamos bien que, en realidad el país marcha hacia atrás.