22 de agosto
Martes
Despejado
19°
26°
Miércoles
Despejado
23°
33°
Jueves
Parcialmente nublado
23°
35°
Viernes
Despejado
22°
35°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
ETC
jueves 6 de julio de 2017, 20:25

Un beso bajo el microscopio: ¿qué microbios habitan en nuestras bocas?

Varios biólogos se han centrado en el estudio detallado del beso, una forma de expresar nuestros sentimientos e incluso han llegado a crear una ciencia: la filematología, que se dedica a examinar las reacciones que se producen en el cuerpo humano durante un beso.

En particular, los científicos estudian la flora microbiana de las personas que no tienen relaciones íntimas y las que sí se besan activamente durante algunos minutos, horas e incluso días, señala Ana Urmántseva, columnista de Sputnik.

Según la publicación, durante el beso, además, participa la parte del cuerpo humano que posee la mayor cantidad microbios, subraya la periodista.

De acuerdo con diferentes autores, la concentración de bacterias en el fluido oral varía entre los 43 y los 55 millones por milímetro.

Esta flora está formada por bacterias, hongos, protozoos y virus. Cada uno tiene una función determinada: unos contribuyen a la digestión de alimentos, los otros ayudan al sistema inmunitario y los hay también que combaten la flora patógena. Otros, en cambio, se dedican a causar enfermedades dentales, explica la autora.

Durante un beso con lengua se realiza un intercambio activo de microorganismos: en tan solo 10 segundos, dos personas pueden intercambiar 80 millones de bacterias.

Si los besos entre dos personas son frecuentes, se establece un equilibrio, es decir, una similitud de paisajes microbianos. Sin embargo, para lograrla, hace falta dar besos con lengua no menos de nueve veces al día, calculan los científicos.

"Entonces, ¿cómo es un beso bajo el microscopio? Pues, uno puede imaginarse mil millones de formaciones filamentosas, espiroquetas y de otras bacterias que se mueven de un organismo al otro, formando nuevos oasis de vida. Sin embargo, no vale la pena pensar en ello durante un apasionado beso. Ni siquiera para los microbiólogos", concluye la autora.