23 de agosto
Miércoles
Despejado
24°
34°
Jueves
Despejado
25°
35°
Viernes
Despejado
23°
35°
Sábado
Muy nublado
20°
34°
Avatar
Avatar
Bienvenido,
Cerrar Cerrar
Cerrar
Login/Registración
Búsqueda
Cerrar
Opinión
domingo 11 de junio de 2017, 01:00

Singapur versus Asunción

Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

En círculos del Gobierno se oye decir que el proyecto del Gobierno es transformar el Paraguay en un nuevo Singapur.

Me parece temerario, considerando que, en Singapur, se ejecuta a los corruptos y narcotraficantes, lo cual podría poner en apuros a ciertos personajes encumbrados. Yo pienso que es demasiado fusilar a una persona por fumar marihuana, como se hace por allá, donde al llegar se le advierte al extranjero sobre los peligros de la infracción.

En cuanto a los corruptos, creo que se exagera y por otra parte, existe un doble criterio, porque ese país es un centro de lavado de dinero. Digamos del lavado de dinero sutil, que escamotea millones de dólares con malabarismos contables; para los ladrones comunes y menores, el castigo puede ser más duro.

No me parece bien que una persona vaya presa por criticar al gobierno o por homosexual, mientras se tolera esa costumbre bárbara llamada la infibulación, mal llamada la circuncisión femenina, porque es una horrible mutilación.

Por otra parte, el milagro de Singapur no es un milagro, sino una consecuencia de su historia.

Desde que los ingleses colonizaron el lugar, en 1819, para convertirlo en un puerto estratégico, el país ha tenido excelentes instalaciones portuarias, que ha conservado después de su independencia. Sir Thomas Raffles, el primer gobernador de la colonia, decidió instalar en ella a una élite mercantil china y lo logró; desde entonces, sus comerciantes y banqueros tienen rango internacional (esto incluye las operaciones offshore).

Cuando llegó la informática, los singapurenses se pusieron al día, con lo cual pudieron alcanzar un alto nivel económico sin necesitar materias primas, que no las tienen. La isla tiene una superficie de 697 kilómetros cuadrados, con una población de cinco millones y medio de habitantes; con un ingreso per cápita de 51.000 dólares, ocupan el tercer puesto mundial. Por otra parte, el ingreso per cápita es un promedio: los trabajadores extranjeros, que hacen las tareas pesadas, cobran hasta diez veces menos que los nativos.

Como escasean el espacio y los recursos, se los aprovecha razonablemente y se restringe la especulación inmobiliaria.

Esto es lo que no entienden los fanáticos de Singapur de nuestro Gobierno, que quiere atraer inversores con el lema de "usen y abusen en el Paraguay". En Singapur se dice claramente que también los extranjeros deben respetar la ley nacional: por eso fusilaron a un brasileño que metió drogas, pese a los pedidos de clemencia de Lula. Allá hay un control estricto de la polución y del tráfico, con un sistema de drones que lo controla todo (también se usa el control para reprimir el disenso). El sistema de alcantarillado es eficiente, como el de tratamiento de efluentes. La limpieza llega al extremo de que se prohíbe masticar chicle en las calles, para impedir que se lo tire después.

Ya sé qué las comparaciones son odiosas, pero a veces son necesarias. Con sus 697 kilómetros cuadrados, Singapur es un poco más grande que Asunción (500 kilómetros), y más chico que la Gran Asunción, 2.300 kilómetros aproximadamente, con 2.200.000 habitantes.

Sin embargo, los residentes de la Gran Asunción ya son víctimas de la urbanización caótica, y la situación tiende a empeorar a causa de la especulación inmobiliaria.