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Opinión
domingo 18 de septiembre de 2016, 01:00

Sin amistad cívica, el país no es viable

Por Alberto Acosta Garbarino Presidente de Dende
Por Alberto Acosta Garbarino

En este momento estamos viviendo en el Paraguay un ambiente de tensión, crispación y enfrentamiento. Esta tensión se siente en todos los ámbitos y lugares. Si bien son preocupantes las manifestaciones, las huelgas y los cierres de rutas que se multiplican por doquier, es más preocupante el lenguaje soez y las palabras ofensivas, que utilizan la mayoría de nuestros dirigentes.

Este tipo de lenguaje que incita a la lucha y al enfrentamiento entre los paraguayos tiene amplios espacios en los medios de comunicación y en las redes sociales, creando el "escenario ideal" para un lamentable "espectáculo", donde los principales "artistas" son nuestros políticos y nuestros gobernantes.

Como lo dice magistralmente Mario Vargas Llosa, asistimos a la "civilización del espectáculo", donde los programas "deben ofrecer novedades y distraer a un público lo más amplio posible y el único objetivo es que la sociedad se divierta y tenga placer". La palabra serena y la reflexión profunda interesan a muy poca gente y tienen un "ráting" muy bajo. Sin embargo, las palabras groseras y agresivas, las descalificaciones y los ataques personales, pareciera que son de interés de la mayoría y donde aparecen tienen los "rátings" más altos.

Si es cierto que la calidad de la convivencia en una sociedad, en una familia y en una pareja, se mide por la calidad de sus conversaciones, ¿qué sociedad estamos construyendo, al incentivar la palabra agresiva y descalificadora? Así como tener buenos ladrillos es fundamental para construir un edificio sólido, el elemento fundamental para construir una sociedad más armónica es... cuidar el uso de las palabras.

Como dice el filósofo chileno Rafael Echeverría, "la palabra no solamente describe la realidad, sino que también crea la realidad". Una palabra afectuosa puede crear una relación amistosa y constructiva, mientras que una ofensiva puede generar odios y enfrentamientos.

Por eso, si queremos tener un país mejor en el futuro, el primer paso es cambiar el tono y la calidad de nuestras conversaciones para instalar la concordia en el Paraguay. Solamente por medio de la concordia, podremos construir la "amistad cívica" que es la base fundamental para tener una sociedad armónica, donde se pueda trabajar y progresar en paz.

La "amistad cívica" consiste en ese reconocimiento que debemos tener los ciudadanos de un Estado, de que por encima de nuestras diferencias, todos vivimos en una misma gran casa, todos queremos erradicar la pobreza y el hambre, todos queremos una educación de calidad para nuestros hijos, todos queremos una atención a la salud eficiente y oportuna y todos queremos un trabajo digno.

Ese reconocimiento de que existen temas que nos unen por encima de nuestras querellas, es la base de la construcción de la "amistad cívica". Pero para que esa construcción sea posible, necesitamos usar un lenguaje que estimule la concordia, desde el presidente de la República hasta el último líder político, tanto del oficialismo como de la oposición.

Necesitamos ese mismo tipo de lenguaje en los medios de comunicación y en las redes sociales, por parte de los periodistas, de los líderes de opinión, de los líderes gremiales o estudiantiles y de la gente en general. Necesitamos que la sociedad castigue al que utiliza un lenguaje grosero e irrespetuoso. Que lo castigue en las urnas si es un político y que lo castigue a través del ráting si es un periodista.

Recordemos que la concordia solo va a ser posible si aceptamos y respetamos al otro y si desterramos de nuestra comunicación las palabras que agraden, hieren y dividen. Si no construimos esa "amistad cívica", no seremos un país viable.