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Opinión
lunes 22 de mayo de 2017, 02:00

Santificar lo profano y la crítica

Sergio Cáceres Mercado – sergio209@lycos.com
Por Sergio Cáceres Mercado

Un fenómeno repetido se da cuando una película paraguaya de mala calidad se estrena: recibe malas críticas y como respuesta el equipo que realizó aquella, incluidos los actores, se defiende. Dicha defensa puede ser de baja o alta intensidad, dependiendo de cómo han sido las críticas vertidas en los medios de comunicación o por los espectadores en los medios. Esto incluye largos y tediosos debates en las redes sociales.

Como me toca muchas veces dar mi opinión en este diario sobre las películas que se estrenan, cuando se trata de un filme malo y uno no tiene más remedio que decirlo, como es el caso de Santificar lo profano. La gente, a veces, me pregunta si no tengo en cuenta el esfuerzo que hay por detrás de toda producción cinematográfica, más aún si se trata de nuestro incipiente cine nacional. Suelo responder que sí lo hago, y que estoy seguro de que todos mis colegas que escriben en los medios también lo hacen, y que ninguna crítica puede ser seria si solamente mira el contexto de la obra y no la obra en sí.

Queremos que el cine nacional crezca y mejore, y si hacemos concesiones no estaremos ayudando en nada. Alguien tan curtido en el mundo del arte como Agustín Núñez seguramente lo entiende, pues el teatro (de donde proviene y se ha ganado un merecido lugar por su talento) también recibe sus críticas buenas y malas. Ahora que incursiona en el cine, como director y guionista ha recibido críticas malas, y seguro las aprovechará para crecer más en este rubro.

Aunque Núñez sea neófito en muchos aspectos técnicos y artísticos que tiene el cine (que no comparte con el lenguaje teatral), hay cuestiones que no se le pueden perdonar, como me señalaba un amigo que sabe mucho de cine, y es el caso de la dirección de actores. Santificar lo profano está, en general, muy mal actuado, y si uno tiene detrás de cámara a alguien que por años ha dirigido a actores en las tablas lo menos que se puede esperar de él es que logre que sus actores convenzan, algo que no hay en su película. Este amigo me dijo que la comparación que hice de Santificar lo profano con el cine amateur que hacen los estudiantes de audiovisuales fue injusta, porque incluso de estos salen mejores productos, algo que tuve que aceptar.

Santificar lo profano ha traído también al tapete un tema que esperemos sea solo un rumor: el que dueños de salas de cine ya no quieren pasar películas paraguayas porque no recaudan nada, son una lotería, donde a veces las cosas salen bien y en ocasiones les malogra el negocio. Hace ya unos años que tenemos la oportunidad de ver cine paraguayo en el cine, y eso hay que agradecerles a estos empresarios. Yo les pido que sigan apoyando, que ese aspecto de su labor comercial sea parte de lo que se llama responsabilidad social empresarial. No dejen a los paraguayos sin la posibilidad de ver el cine que realizan nuestros creadores solo por algunos fracasos.