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Correo Semanal
sábado 13 de mayo de 2017, 18:24

Pedro Páramo va al cine

La presencia de Juan Rulfo en el cine es inmensa, y esto se debe en buena medida a su breve obra narrativa, y por otro a su propia participación como guionista en cortos y largometrajes, sus trabajos en el ámbito de supervisor de las producciones y, además, una envidiable afición cinéfila.
Sergio Cáceres Mercado

Especialistas afirman que la ficción de Rulfo tiene elementos visuales que reflejan la influencia del cine, lo que los convierte en potenciales candidatos a ser adaptados al cine. Este fenómeno de retroalimentación entre cine y literatura es uno de los más interesantes en el mundo del arte y la técnica. Hablaré acá de tres largometrajes a los que he podido acceder, de las decenas de producciones que tienen que ver con la obra rulfiana.

Talpa
Solo tres años después de la publicación de El llano en llamas (1953), el cine ya empezaba a hacerse eco de la obra de Rulfo. El cuento Talpa fue adaptado por Edmundo Báez y dirigido por Alfredo Crevenna. El largo peregrinar de Tanilo, Esteban y Natalia se contó de una forma que no gustó a la crítica ni al mismo Rulfo. El poeta José Emilio Pacheco contó que Rulfo se refirió a la misma como una película abominable, y le dijo que había que seguir el ejemplo del escritor cubano Alejo Carpentier, quien al vender los derechos de tres novelas para el cine, condicionó en la transacción el supervisar todo el proceso fílmico, con lo que garantizaba la no distorsión de su obra.

Empezando por el incomprensible cambio de nombre de Natalia por Juana, la adaptación no logra captar la atmósfera del cuento, aunque sí rescata el drama tras el triángulo amoroso. Claro que a los realizadores no les habrá sido nada fácil, pues el narrador en el cuento es un compungido Esteban, quien con técnicas mixtas y flashback nos refiere cómo mataron a Tanilo. Como todos sus relatos, Rulfo no da demasiadas explicaciones del contexto histórico y otros detalles, pues su foco está puesto en el diálogo y la interioridad de sus personajes.

De todos modos rescato escenas del peregrinaje a Talpa, especialmente, el contraste dado entre los fieles cantando al unísono a la Virgen, mientras Esteban y Juana caen en pecado. La cámara se mueve hábilmente para mostrar a los personajes y dejar entrever el paisaje, así como el histórico santuario.

El gallo de oro
Esta novela corta (para mi gusto, más bien un cuento largo) estaba hecha para el cine. Pude ver la versión dirigida por Roberto Gavaldón, que se estrenó en 1964. Es decepcionante en muchos sentidos, tal como lo apuntaron los especialistas en aquella época. Aunque Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez trabajaron en la adaptación, no se entiende por qué va la historia solo hasta la mitad, ya que lo interesante es como Dionisio Pinzón asciende y desciende de la mano de Bernarda Cutillo. Las peleas de gallo llevan mucho metraje, y aunque sean clave en un momento, toman demasiada relevancia por encima de otros elementos de la historia que eran más importantes en el original.

Cuentan que el más feliz con las peleas galleras era García Márquez, quien acompañó exultante a la producción en varios de los crueles combates. Gabo, por cierto, confesó haberse retirado del proyecto guionístico cuando sintió que estaba traicionando el espíritu de la obra de su admirado Juan Rulfo.
El tiempo no me permitió ver la versión del afamado director Arturo Ripstein, que al parecer sí llenó las expectativas.

Pedro Páramo
El español Carlos Velo dirigió la primera versión cinematográfica de la famosa novela de Rulfo, con un guion de Carlos Fuentes y Manuel Barbachano. Se estrenó en 1967, protagonizada por grandes estrellas del cine mexicano. La película es muy respetuosa de los pasajes referidos en la novela. A través de los diálogos podemos recordar aquellos párrafos y comprender la unión entre ambos lenguajes, el cinematográfico y el novelístico. Para ser consecuentes con el aura ilógico que a veces se da cuando vivos hablan con muertos, o muertos hablan entre sí, había que hacer concesiones.

Juan Preciado parece sorprendido por las cosas que le pasan en Comala, pero no pasa de eso como era de esperarse si queremos que la historia prosiga. El pueblo fantasma que Preciado recorre está muy bien presentado, así como la Comala y la hacienda de La Media Luna de la época de Pedro Páramo. La revolución mexicana, los campesinos y todo el problema social resultante de la distancia creada entre un terrateniente cruel como Pedro Páramo y el resto del pueblo están bien ensamblados.
Aunque la crítica no la recibió con buenos términos, en la distancia se lo valora mejor. Es que en principio todos los elementos artísticos estaban disponibles para ser una gran película, pero malas decisiones de la producción (como elegir al norteamericano John Gavin como Pedro Páramo) y la inexperiencia del director no permitieron que la obra se concretara en el nivel merecido.

Como dijimos, muchas más adaptaciones se han hecho sobre la obra de Rulfo, muchas de ellas bien recibidas por el público y la crítica. Estas tres obras que comenté son pioneras, a pesar de que no hayan satisfecho las expectativas. Solo nos resta decir que quien admire a Rulfo en su narrativa, indefectiblemente se encontrará con su relación del cine, pues sus cuentos y novelas no hubiesen sido lo que son si no hubiese estado el arte cinematográfico de por medio.