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Opinión
miércoles 25 de enero de 2017, 02:00

Paren la violencia

Roque Jara

¿Qué mueve a un ser humano a reventarle la cabeza a un semejante con un mazo probablemente de 20 kilos, dejándola tirada en un charco de sangre; luego subir a una motocicleta e ir a estrellarse contra un camión, matándose? Esto ocurrió ayer en Ciudad del Este. Hace tres días, un hombre le disparó a su novia siete balazos y luego él se pegó un tiro, matándose. Pese a la gravedad de su situación, la mujer logró salvarse y se encuentra estable en el Hospital del Trauma. Ese mismo día, otro hombre, presumiblemente, le mató a su pareja de un disparo de rifle que le metió en la cara, a bocajarro, debajo del ojo derecho. Casi dos semanas antes, un músico habría acabado con la vida de su pareja, en Villa Hayes, a golpes. El mismo se encuentra prófugo.

Hubo otros casos donde las víctimas igualmente fueron mujeres, en cuyo ensañamiento se percibe que el crimen especialmente atroz por la condición de mujer de la víctima. El primer caso se registró apenas comenzado el año, el 2 de enero, en Ciudad del Este. Una mujer fue hallada ese día tirada, con rastros de severos golpes. Luego se confirmó que fue violada, asfixiada y muerta a golpes. Cinco días después, en Yaguarón, una mujer de 63 años fue violada y asesinada. Al día siguiente, otro cuerpo de mujer fue encontrado al costado de un colegio en el kilómetro 7 Monday, otra vez en Alto Paraná; tenía disparos en el pecho, golpes en la cabeza y también fue violada. Otra mujer, tres días después, fue víctima de un intento de convertirla en antorcha humana su pareja, un malabarista.

Él año pasado, la cifra de mujeres que fueron asesinadas por su condición alcanzó 39, una cantidad muy superior a las registradas en años anteriores. La violencia intrafamiliar fue el segundo hecho punible más denunciado el año pasado, según estadísticas del Ministerio de la Mujer, y cada nueve días y medio una mujer era víctima de feminicidio. La ministra Ana Baiardi expresa un panorama desalentador al arrancar el año.

Nadie en su sano juicio puede negar que estos sean hechos de locura. Y como tal, deben ser tratados por profesionales. Sobre todo en la prevención, ya que de nada sirve llorar sobre la sangre derramada, sino evitar que siga ocurriendo.

Ni una Isidora más (52 años, asfixiada, muerta a golpes y violada); ni una Severiana más (63 años, violada y asesinada); ni una Mirian más (39 años, violada, baleada y golpeada hasta morir); ni una Mercedes más (28 años, muerta a golpes); ni una Valeriana más (27 años, muerta de un disparo en el rostro); ni una Lorena más (40 años, asesinada a golpes en la cabeza con un mazo).

Esta mañana se entregará un nuevo informe sobre la situación de violencia de la mujer en Paraguay por su condición de género; sin embargo, poco o nada existen sobre políticas desde el Estado, que deban acompañar la nueva legislación de protección a la mujer, como una justicia menos machista.