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Opinión
miércoles 12 de octubre de 2016, 01:00

Paraguay, droga y banana

Por Guido Rodríguez Alcalá
Por Guido Rodríguez Alcalá

El título del aclamado filme documental alude a la expresión república bananera, con que se calificó a ciertas repúblicas latinoamericanas. Al comenzar y al terminar, el filme pregunta: ¿es el Paraguay una república bananera? La pregunta podría plantearse así: ¿es el Paraguay una auténtica democracia?, o ¿puede serlo a causa del narcotráfico?

Viendo el documental recordé al señor Solt, el fotógrafo de los cumpleaños infantiles, casamientos y fiestas. Un día, yo pasé por delante de su oficina, la Casa Solt, y la encontré cerrada; pregunté por qué y me respondieron que había muerto en un accidente: un rayo destrozó el avión en que viajaba. Después supe que no había habido tormenta, que Solt era un agente de la lucha contra las drogas, que viajaba a Buenos Aires llevando información sobre el tráfico en el Paraguay. Matar a toda la tripulación para acallarlo no pesó en la conciencia de quien puso la bomba.

Al año siguiente (1961), fue el tiroteo en el Cine Splendid. Agentes de la policía, sin mediar palabra, atacaron a tiros a Pedro Prokochup, en plena proyección de una película. ¿Por qué a Prokochup, el polaco bondadoso que vendía bollos en los colegios? Por ser un agente antidrogas y saber demasiado. El asesinato quedó en el oparei. Sobre el asunto, recomiendo el libro de Juan M. González García, El crimen del Cine Splendid (Asunción: Criterio, 2011). Sin referirse al crimen del Splendid, el filme dice que, para 1960, ya había tráfico de cocaína en el Paraguay, una mercadería extra en el cargamento de cigarrillos de contrabando transportado por ciertos personeros del régimen.

En la década del setenta, la economía informal se diversificó con el comercio de la heroína transportada desde Marsella hasta Asunción por el corso Ricord. Nixon lanzó su guerra contra las drogas y exigió la entrega del transportista. Stroessner respondió con lo que en inglés se llama lame duck (pato rengo) y en castellano chancho rengo; al final cedió, después de que Selecciones publicara un largo artículo sobre las diabluras de Ricord en Paraguay. El filme relata que ese número de Selecciones fue confiscado y es cierto; no dice (sus productores son demasiado jóvenes para saberlo) que el número confiscado fue vendido, a precio de oro, por un capitoste del Gobierno. ¿Por qué no? Todo el mundo estaba informado del negocio y no se atrevía a decir nada, porque allí estaban los generales Andrés Rodríguez y Patricio Colmán, hombres muy peligrosos.

Unos muchachos muy jóvenes que vieron la película quedaron muy asombrados. ¿Entonces, no se vivía mejor en el Paraguay en tiempos de Stroessner? No, no se vivía mejor, aunque ahora nos quieran hacer creer eso, abusando de nuestra falta de memoria. Por documentar lo que hoy se pretende ocultar, Paraguay, droga y banana es una obra valiosa y necesaria.