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Opinión
sábado 7 de enero de 2017, 02:00

Los abajo firmantes

Alfredo Boccia Paz - galiboc@tigo.com.py
Por Alfredo Boccia Paz

Soy de la época en la que para saber qué pasaba en política había que leer las "solicitadas'' o "espacios reservados" de la prensa escrita.

Durante el stronismo los diarios traían muy pocas informaciones políticas y estas publicaciones pagadas eran muy útiles. Allí, bajo la responsabilidad de los firmantes, uno se enteraba de fatos, persecuciones y peleas partidarias que los editores no se animaban a incluir en la sección de noticias.

La recolección de firmas de funcionarios públicos era muy común. Las juntaban para ensalzar los méritos de algún correligionario que ambicionaba un cargo, para defender a algún político amigo metido en problemas o para denostar contra algún opositor.

Domingo Laíno, por ejemplo, habrá coleccionado más de un centenar de "solicitadas" de seccionaleros, estudiantes colorados, mujeres republicanas y gremios disciplinados que pedían su cabeza por comunista y legionario. A su vez, Alfredo Stroessner habrá leído con desinterés miles de "espacios reservados" en los que una variopinta legión de chupamedias clamaba por su reelección indefinida.

Por eso, lo que hoy vuelven a hacer los colorados no solo huele a anacrónico e inútil, sino a una enorme argelería. Ni falta hace que le explique por qué. Pero allá voy yo, siempre dispuesto a cumplir el apostolado.

Es anacrónico usar esas burdas y manipulables planillas, en la era de las redes sociales.

método de presión. La gente no se impresionará por la cantidad de firmas que muestren al final. Lo que sí recordará es que no fueron recolectadas en plazas, calles o lugares públicos donde los ciudadanos concurrían espontáneamente.

Se confinaron a las oficinas públicas, donde la extorsión y el miedo a perder el contrato hicieron más rápida la "iniciativa ciudadana". Pero, como método de presión, es algo vetusto.

Además, las planillas son inútiles. Por más firmas que se recolecten, no sustituyen el cumplimiento de la Constitución Nacional.

La vía de la enmienda no es la adecuada y, sobre todo, un proyecto sobre el tema ya fue rechazado en el Senado y no puede volver a considerarse hasta agosto. Por otra parte, falta legitimidad. Es demasiado evidente el oportunismo colorado, dictado por la coyuntura.

A fines de 2006 la ANR decidió, sin éxito, impulsar un proyecto de enmienda en beneficio de Nicanor Duarte. Cinco años después la Junta de Gobierno pegó el grito al cielo cuando Lugo pretendió lo mismo. Y ahora dicen que Cartes sí puede hacerlo.

Por último, la iniciativa es de una argelería sublime.

Nos obliga a hablar de un tema que solo le interesa a un puñado de pillos. Que son incapaces de percatarse del daño que le hacen a su propio proyecto. Porque no son capaces de medir lo harta que está la gente de su patológica obsesión.