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Opinión
martes 10 de enero de 2017, 02:00

La marihuana y nuestra doble moral

Por Brigitte Colmán
Por Brigitte Colmán

Cuando en Montevideo, en un bar, me topé con una grande y saludable planta de marihuana, no me resistí y me hice una foto con ella. Y es que da tanto gusto respirar esos aires de libertad, aires que se mezclan a veces con el inconfundible olor a porro.

Me acordé en estos días de aquella planta, cuando leí la publicación de ÚH el pasado domingo: "La marihuana ya se cultiva en ocho departamentos". Decía el interesante artículo que no se sabe bien cómo llegó al país, pero no hay dudas sobre el hecho de que las primeras plantaciones se hicieron en Amambay. Con el tiempo el cultivo (y el negocio) se fueron extendiendo hasta llegar al tema que da título a la publicación que les mencioné: ahora se cultiva marihuana en ocho departamentos: Amambay, Canindeyú, Concepción, San Pedro, Caaguazú, Caazapá, Alto Paraná e Itapúa.

La nota mencionaba que existen unas 6.000 hectáreas de cultivo de hierba en todo el país, la mayoría repartida entre Amambay y Canindeyú. Y, finalmente, un dato de no menor importancia: unos 20.000 campesinos trabajan en los cultivos. Imagínense eso, 20.000 familias subsisten gracias a la marihuana.

PROHIBIDO PROHIBIR. Una pena tener que viajar tantos kilómetros para ver de cerca una planta de marihuana, cuando por acá hay tantas. Aunque es todavía peor tener una verdadera necesidad del cannabis y no poder acceder a él, y no hablo de una necesidad recreativa precisamente.

Entre hipocresía y tabúes, la gente que de verdad necesita no tiene mecanismos legales, y cuando puede acceder, le cuesta mucha plata. En un país en el que hay tanta sabiduría para encontrarles las propiedades medicinales a todos los yuyos que hay, acá no se puede ni hablar en voz alta de la marihuana.

El aceite de cannabis, por ejemplo, y su uso medicinal, que está siendo implementado –con bastantes buenos pronósticos– por muchas personas enfermas.

De hecho, hay organizaciones movilizadas que piden a las autoridades que les permitan elaborar el aceite como "uso compasivo" y también que faciliten los mecanismos legales para el autocultivo con fines medicinales.

Paraguay es un gran productor, no solo en cuanto a cantidad, sino en cuanto a calidad. Las autoridades deberían considerar la experiencia de todos los países en los que se legalizó la marihuana. Yo creo que hay que pensar en los mejores usos de la hierba, total la lucha contra la plantita y el flor de negocio que hay detrás no fue ni exitosa ni efectiva; y la doble moral no sirve para nada.