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Opinión
lunes 17 de octubre de 2016, 02:00

La dimensión política de la experiencia religiosa

Por Blas Brítez – @Dedalus729
Por Blas Brítez

Se ha minusvalorado la vuelta de la "experiencia religiosa" de las derechas latinoamericanas al escenario regional, su decidida politización, su capacidad de aglutinación. La dimensión confesional de ciertas expresiones políticas con influencia parlamentaria y ejecutiva (incluso jurídica) es un soporte ideológico que, al mismo tiempo de coincidir con proyectos históricos en cuanto a modelos económicos y de negocios, no se asume como ideológica, mientras su implacable lobismo gubernamental direcciona las políticas represivas hacia lo que sus voceros –esta vez sí– llaman "ideología": la de otros.

En Paraguay hay una cúpula católica orgullosamente reaccionaria en cuyo ideario no queda vestigio de los otrora progresistas Documentos de Medellín de 1968; hay un crecimiento pantagruélico de iglesias evangélicas con un enorme poder económico y tejedoras de una red de influencias que sobrepasan las supuestas banderías sectarias del coloradismo y el liberalismo. Ambas expresiones religiosas nacidas en el seno de la "espiritualidad" son igualmente conspirativas y pragmáticas en términos políticos, y poseen un programa propio no pocas veces asociado con intereses financieros, ganaderos y sojeros.

Cuando Federico Franco asumió el gobierno tras la destitución expeditiva de Fernando Lugo, la "defensa de la familia" y la criminalización de la "ideología de género", entre otras cosas, formaron parte inmediatamente del programa de la restauración conservadora. También, según Franco, era Dios mismo quien veía con buenos ojos los transgénicos y, por ende, los agrotóxicos que asesinan niños en el campo. Horacio Cartes continúa, con mayor virulencia, el desarrollo de ese programa ideológico-cultural que se corresponde con la matriz patriarcal y de clase (sí, de clase: aunque esta palabra la abominen los nuevos sociólogos y politólogos de la "posmodernidad") que ha erigido el Estado paraguayo a su imagen y semejanza.

En Brasil, el impeachment contra Dilma estuvo cargado ideológicamente de ese mismo influjo religioso que es, además, culturalmente misógino. En Colombia la campaña por el No a la paz ha vuelto a insistir por la vía del miedo: contra la "ideología comunista" y la "ideología de género". En Paraguay, se habla de un Frente Parlamentario por la Vida y la Familia que propone que los nonatos sean inscriptos en el registro civil...

No hay dudas –por lo menos para mí– de que el ropaje lingüístico, cultural, ideológico de la derecha que ya está, pero que se viene con mayor ímpetu es aquel que en España inspiró un golpe de Estado y provocó una guerra civil en 1936 bajo la divisa de "Dios, Patria y Familia".