26 may. 2026

Justicia prostituida

Susana Oviedo – soviedo@uhora.com.py

Los audios filtrados en estos días sobre conversaciones cuyo denominador común es cómo torcer el curso de la justicia reafirman la escasa credibilidad que fundadamente se ganaron instituciones como el Poder Judicial y el Ministerio Público, y refuerzan con contundencia el sometimiento de estos al poder político y económico.

También confirman que hay un poder oculto realizando escuchas y grabando las conversaciones telefónicas que, según sus intereses, las va haciendo públicas.

“Ese fiscal come mucho hína...”, le dice un juez a un ex intendente de no tan limpia trayectoria, al que advierte que están pidiendo su cabeza y que para ello hasta están destinando dinero desde la más alta esfera para que la Contraloría emita un informe adverso que aceleraría su imputación por un desfalco.

Una frase metafórica (¿?) que describe magistralmente cómo de venales son los fiscales y jueces, siempre pensando con buena fe en que hay excepciones, y cómo en la práctica están directamente entrelazados el poder político, el poder económico y el Poder Judicial, no precisamente para propiciar el principio de a justicia.

Estos hechos nos recuerdan –y deberían alarmarnos– que el imperio de la ley es una utopía en Paraguay, y que se imparta real justicia es una excepción, al igual que la integridad moral de los magistrados y fiscales. Agreguemos a estos la influencia y corrupción de gran parte de los que se hacen llamar políticos, y sumemos dinero fácil, y tendre- mos la conjunción más perversa que podamos imaginarnos.

Así fácilmente la balanza de Astrea se inclina del lado del mejor postor. Cuántos ladrones de cuello blanco y nuevos ricos que amasaron su fortuna aprovechando un cargo público se han blanqueado mediante este sistema, y hoy son señores privilegiados de la sociedad paraguaya.

En 28 años de proceso democrático del Paraguay, de las instituciones del Estado el Poder Judicial es de las que menos se ha depurado. Eso sí, es innegable que se ha venido so- metiendo a numerosos cambios cosméticos. Creció signi- ficativamente en infraestructura, por ejemplo, pero no en eficiencia, transparencia, ni en credibilidad. No se desmontó en él la estructura de corrupción. Simplemente se sofisticó.

Es tan voraz la deshonestidad en el sistema judicial, que hasta instituciones que se crearon para transparentar el proceso de selección de los magistrados y agentes fiscales o para enjuiciarlos y removerlos, cuando son denunciados por la comisión de delitos o mal desempeño de sus funciones, se tornaron permeables a la dinámica de la corrupción, alimentada principalmente por los grupos políticos empotrados en el Estado. Es demasiado preocupante que para obtener justicia, los ciudadanos que no cuenten con padrinos políticos y/o dinero no tendrían chance alguna. Y que el conjunto de valores que engloba la justicia sea lo menos relevante.