Monseñor Ricardo Valenzuela es una persona formada en los cuarteles. Su padre había sido militar y su concepción verticalista del poder lo habrá acompañado por un largo periodo de su vida, al punto que el paso de los uniformes verdeolivos a los atavíos de cura y luego obispo no le habrá sido para nada más que una continuación de su vida.
Esta introducción viene a cuento para graficar lo que debió haber sido el tránsito que tuvo que pasar un ex obispo castrense que debe zurrar como lo hizo al actual comandante en jefe de las FFAA y presidente de la República, cuyo rostro durante la homilía era por demás elocuente del mal rato que tuvo que soportar en su última comparecencia popular antes de dejar la presidencia.
Como el presidente no está acostumbrado al debate, su partido no realiza nada que lo moleste, como una convención, por ejemplo, que vaya más allá de unos sillazos de ocasión y menos acontece en el Congreso, del que quiere ser parte ahora con voz y voto.
Uno de los pocos sitios donde se mide el calor popular es la homilía de Caacupé. Y hasta ahí llegaron todos, junto a monseñor Valenzuela, quien reconoció que le llevó un mes preparar lo que dijo y que tuvo una introducción de generalidades, hasta que aterrizó duramente sobre el Gobierno de las escuelas caídas, los secuestrados sin Navidad, los hospitales desabastecidos y los puentes destrozados.
Eso, sin contar las referencias reiteradas a la corrupción, la pobreza –que creció durante este Gobierno– y la abierta compra de votos en los comicios.
Fue tal la abrumadora cantidad de referencias al Gobierno, que no hubo manera de no darse por aludido y recibir cada azote con aplausos y vítores de la concurrencia que terminó por darle confianza al debutante obispo de Caacupé. Es evidente que el Gobierno está desenganchado del pueblo paraguayo y a una semana de los comicios internos claramente la homilía y los aplausos de confirmación demostraron una clara derrota moral del Gobierno.
Se buscarán distintos argumentos para morigerar el impacto, se intentará distribuir responsabilidades entre todos o se dirá que todo lo que dijo el obispo naufragó en el ameno desayuno servido posterior a la homilía. Todo eso es simplemente “control de daño”, pero claramente entre el obispo del Chaco, que pidió que Cartes renuncie si desea ser senador, y lo que afirmó Valenzuela, puede uno concluir que las cinco visitas al Papa no alcanzaron para ganarse el afecto de la grey católica, cuya fidelidad y apoyo se miden más claramente cada 8 de diciembre.
Queda una semana para ver cuánto de las referencias éticas y morales se transforman en acciones cívicas concretas. Este es un pueblo “católico no evangelizado”, como lo dijo un ex nuncio, y muchas veces lo que uno aplaude, zapatea y celebra no se corresponde con acciones concretas, donde se mide el real compromiso individual por el cambio en la manera de hacer política.
La homilía ya está y no hay manera de cambiarla; lo que veremos es por dónde entró y si se quedó. Y para comprobar eso, queda una semana.