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lunes 5 de septiembre de 2016, 01:00

Evangelio para gente comprometida

El evangelio del domingo fue un evangelio para gente comprometida. Hombres o mujeres que luchan en la vida por una causa grande. Es un evangelio para todos los que han comprendido que ser cristiano es vivir en el siglo XXI impulsando la causa a la que Jesús entregó su vida, el Reino de Dios. Popularmente hablando: ponerse al lado de todos aquellos que sufren pobreza, abandono, sometimiento, dolor, discriminación etc…, y luchar para librarnos todos de estas injusticias. Ciertamente una causa grande. La más grande el mundo.

Un llamado cristiano que no viviera la causa de Jesús propiamente no lo sería. Mejor dicho sería un catecúmeno (aspirante), aunque en este caso habría recibido solo formalmente el bautismo.

¿Y qué dice este evangelio de Lucas (14,25-33) para las personas comprometidas?

Primeramente que en el compromiso con esta causa no se admiten flojeras, descuidos, caprichos egoístas, irresponsabilidades, incompetencias, cansancios, falta de realismo en vivir lo que hay que hacer etc., etc...

Para todo esto Jesús en otras ocasiones dijo frases bien concretas y fuertes: “Sean sencillos como palomas, pero astutos como serpientes”; “Los hijos de las tinieblas son más listos que los hijos de la luz”.

En segundo lugar Jesús insiste en que este compromiso con su causa es fundamentalmente un compromiso con Dios muy exigente.

Y lo dice con claridad: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos… e incluso a sí mismo, no puede ser mi discípulo”.

Finalmente, Jesús insiste: “Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser mi discípulo”.

Llevar la cruz era parte del ritual del reo: Atravesar la ciudad con la cruz a cuestas portando el título de su delito. Era ser rechazado por su fidelidad al padre y por su amor liberador al pueblo.

También nosotros por nuestro compromiso seremos perseguidos.