Por Andrés Colmán Gutiérrez
@andrescolman
Nacieron en Argentina, pero llevan al Paraguay en el corazón. “Nuestros padres paraguayos nos legaron el profundo amor a este país”, dicen poco después de llegar a Asunción.
Ana María y Mabel Careaga Ballestrino traen consigo una historia trágica y heroica, la de su madre Esther Ballestrino de Careaga, recordada luchadora social paraguaya, fundadora de la organización Madres de Plaza de Mayo, detenida, desaparecida y asesinada por la dictadura argentina en 1977. Pero a la vez las mueve una gran alegría, ya que serán recibidas en audiencia privada por el papa Francisco, este sábado a las 7.30 en la sede de la Nunciatura.
Esther fue la primera jefa del joven Jorge Bergoglio, cuando el actual Papa tenía solo 17 años de edad y entró a trabajar en 1953 en el laboratorio Hickethier Bachman, en Buenos Aires. Él la recuerda como “una mujer paraguaya extraordinaria”, que influyó mucho en su formación.
CONTACTO. “Cuando supimos que el Papa iba a visitar el Paraguay, quisimos estar aquí. Hicimos gestiones y él nos comunicó que nos recibiría”, cuenta Ana María.
A través de los diplomáticos Leila Rachid y Alcides Albariño, han sido invitadas al acto de este viernes, a las 18.00, en el Palacio de López, y a la misa del domingo en Ñu Guasu.
En la audiencia privada que el Papa les concederá, ellas solo quieren abrazarlo y recordar juntos a su heroica mamá. La tercera hija, Esther, vive en Suecia y no pudo venir.
“Hay una cuestión personal en este encuentro, ya que el Papa tuvo una relación muy estrecha con nuestra mamá y la recuerda con tanto cariño, pero también es el hecho de que un jefe de Estado del Vaticano reivindique su lucha y a través de ella la de todos los luchadores de derechos humanos, eso nos emociona mucho”, destaca Mabel.
HISTORIA. Aunque nació en Uruguay, en 1918, Esther Ballestrino es de nacionalidad paraguaya. Vivió su niñez y juventud en Asunción, donde se recibió de maestra normal y luego de doctora bioquímica.
Militó en el Partido Revolucionario Febrerista (PRF), fundó el Movimiento Femenino del Paraguay y tras la guerra civil de 1946 fue al exilio en Argentina, donde se casó con el paraguayo Raymundo Careaga, recordado dirigente febrerista.
“Mamá era marxista y Jorge Bergoglio es católico, pero entre ellos hubo un punto de unión, que es el compromiso con los más necesitados, con los más excluidos”, destaca Ana María, quien fue secuestrada por la dictadura en 1977, pero ella pudo ser liberada, meses antes de que secuestraran y mataran a su madre.
“Logramos identificar sus restos en 2005 y el entonces arzobispo Bergoglio autorizó que, junto a otras madres fundadoras, sea enterrada en la Iglesia de la Santa Cruz. Es un gesto que le agradecemos por siempre”, dicen las hijas.