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Opinión
viernes 4 de agosto de 2017, 02:00

El negocio de la pobreza

Carolina Cuenca
Por Carolina Cuenca

"Dicen que allá en Montevideo puede ser que consigas colectivo", le señalan a mi compañero de trabajo unos neocampesinos que cargaban saldo en un negocio del centro.

Justamente en mis grupos de WhatsApp llovían protestas, reflexiones y todo tipo de chistes sobre la condonación de las deudas de la hasta ahora misteriosa lista de campesinos beneficiados con millones de dólares, en un perfecto ambiente político diseñado por Mandinga para la tranza preelectoral.

No falta quien ya esté organizando a los endeudados de la capital y de las periferias, afectados por todo tipo de fenómenos naturales y laborales e imposibilitados para cumplir sus compromisos financieros. Vemos la foto del dirigente de la nueva izquierda light ñembocampesina "gestionando" desde una oficina, otros van en taxi... Ya me gustaría encontrar un taxi a mí también para salir más rápido del atascado tránsito asunceno.

Los pobres de siempre, muchos orgullosos descendientes de campesinos, tenemos que vérnoslas para intentar sacar adelante a nuestras familias.

Populismo. Entre los parlamentarios unos proponen directamente el atropello a la razón con un discurso rebajadamente populista; otros ceden por razones de "intereses coyunturales", solo algunos piden una honrosa refinanciación de la deuda, pero pierden.

Cuando llego a casa, encuentro que una tía envía a mi madre queso (tesoro culinario en tiempos de sequía) desde el interior del país. Tomamos mate y recordamos en guaraní a nuestros abuelos. "¿Cuántos millones les van a dar los parlamentarios?"; "No el Estado ni los parlamentarios, nosotros, ¡los ciudadanos!"; "¡e'a, upéa ivai, nderehechái Venezuela ha Cuba, la estatistakuéra tarde o temprano oñembosarái la ipúeblore!"; "lindo el queso, trajo la tía que está gestionando una pensión porque ahora con las consecuencias de su diabetes ya no puede trabajar, vamos a ver si le van a dar ahora con todo lo que tienen que pagarles a los piqueteros"...

Entre los dirigentes impera una lógica de poder que les obnubila y les desentiende de la verdadera justicia. Entre la gente de la calle hay mucho más sentido común, pero los intermediarios con la realidad los tienen casi atontados, sin fuerzas para manifestarse. "Uf, me olvidé de contarte que recuperé el celular de mi hija, me devolvió una señora que encontró en el colectivo"; "que Dios le bendiga, a lo mejor le hacía falta y todo pero primero la honradez, siempre fue así entre los pobres, che ama, no sé qué lo que pasa ahora que se impone esta mentalidad del aichenjáranga, tamonda mba'e"; "ahora hasta ser pobre o parecer ya es puro negocio nomás"...