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Opinión
jueves 17 de noviembre de 2016, 02:00

El derecho a tener un nombre

Por Gustavo A. Olmedo B. – golmedo@uhora.com.py
Por Gustavo Olmedo

Hay situaciones difíciles de asimilar hasta tanto no se vuelven experiencias, propias o cercanas; quizás sea posible estimar su relevancia o buscar empatías, pero nunca se conocerá a profundidad los sentimientos o heridas que debaten en ellas.

Hablamos de la experiencia de las madres que pierden a sus bebés en el vientre materno, y de la posibilidad de que sean reconocidos legalmente con un nombre y apellido, a través de un proyecto de ley, actualmente en estudio en el Parlamento.

Aunque parezca hasta irrelevante para muchos, la identidad guarda y recoge un peso de dignidad importante para el ser humano; un valor que estas mujeres quieren recobrar para sus hijos fallecidos por motivos diversos.

El proyecto tiene tres objetivos concretos: el reconocimiento con nombre y apellido del bebé que ha perdido la vida en el seno de su madre; la entrega del cuerpo a solicitud de los padres para fines póstumos, sin aplicación de criterios de estándares de peso o edad gestacional (actualmente no lo entregan si no alcanzan los 500 gramos); y el registro de todas las muertes intrauterinas con objetivos estadísticos para el estudio e implementación de políticas preventivas de salud pública. Además impulsan la ley que creará el libro de defunciones de concebidos no nacidos en el Registro Civil. Aspectos altamente positivos.

Hablamos de un ser humano, por lo cual apuntar legalmente su existencia resulta muy valorable en una sociedad que tiende a prácticas deshumanas, como la indiferencia y el desprecio.

El niño o la niña por nacer es una persona, por tanto, urge respeto y no ser tratada como "basura biológica", como bien ocurre, según testimonian los miembros del grupo de madres –y padres– Un mismo corazón, un mismo sentir, que lleva adelante la innovadora propuesta legislativa, con el fin de acompañar a las miles de familias que han pasado por esta dolorosa experiencia: un cuerpo no sepultado, un duelo no cerrado, un ser querido inexistente, hasta en los registros hospitalarios.

Dar identidad a los hijos –más allá de la etapa de desarrollo físico en la que se encuentren– no es un factor secundario. Se trata de un derecho básico que le permitirá el reconocimiento de la misma sociedad, la que, en muchos casos, hasta tiende a calificarlos como "un montón de células", olvidando que toda vida debe ser honrada.

Toda propuesta que permita reconocer la existencia de un ser humano, tiene elementos razonables que valen considerar y apreciar, como bien lo dijo Patricia Coronel, del citado grupo, con cinco hijos, dos de ellos angelitos: "... Esto no elimina el dolor de los padres, pero sus hijos sí tendrán la identidad que le dieron, ese nombre que eligieron con amor y que tanto buscaron dárselo, eso es muy grande".