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martes 21 de marzo de 2017, 02:00

Cruzar los mercados y el campus de la UNA en bus público es toda una odisea

Los cuellos de botella en el trayecto de Capiatá hasta Asunción hacen que el viaje en transporte público parezca eterno. Miles de personas soportan a diario el caos en el tráfico para entrar y salir de la capital.

Viajar –por ejemplo– desde Capiatá, ruta 1 kilómetro 23, en el límite con la ciudad de J. Augusto Saldívar, hasta el microcentro capitalino por el tramo Eusebio Ayala significa en promedio dos horas de calvario en transporte público, tanto de ida como de vuelta.

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Desde muy temprano, en paradas oscuras, la gente espera el bus exponiéndose a la inseguridad. Cuando a lo lejos se acerca un bus de las líneas 29, 12 o 59 –por citar algunas que se dirigen a Asunción–, literalmente se protagoniza una carrera por treparse al bus.

Muchos hacen gran parte del trayecto hasta San Lorenzo colgados en las estriberas, poniendo en riesgo su integridad física; pero no les queda otra, el próximo colectivo tarda al menos otros 20 minutos en pasar y viene igual de cargado.

Sobre ruta 1, al llegar al km 15 en el cruce con el desvío a Reducto, superar la cola del semáforo también puede significar hasta 20 minutos malogrados, pero lo peor, sin dudas, es atravesar el microcentro y el mercado de San Lorenzo.

A estas alturas, el pasajero prácticamente ya ha perdido casi una hora de viaje, sin haberse movido siquiera 10 kilómetros desde su punto de partida. Tras superar esta posta, el siguiente escollo lo encontrará en la zona del campus de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), donde en los últimos meses la situación se agravó con el inicio de las obras para el Metrobús. Este punto es caótico.

Al alcanzar la ciudad de Fernando de la Mora, en las cercanías de la Municipalidad, el tráfico se torna pesado, principalmente porque los semáforos no están sincronizados y se ubican prácticamente cada dos cuadras.

En los días en que los efectivos de la Patrulla Caminera dan prioridad a la arteria preferencial se agiliza en algo el viaje; pero si aún le toca viajar en días de lluvia, tenga en cuenta que a esas dos horas rutinarias podrían sumarse 40 minutos más como mínimo.

Si uno salió a las 6.30 de Capiatá, recién cerca de las 8.00 estará ingresando a la ciudad de Asunción.

Tráfico interno. Aunque se encuentre en la capital del país, la situación del tráfico no mejora mucho, puesto que el mismo caos de las ciudades vecinas se repite en este punto. Atravesar la zona del Mercado 4 es una odisea aparte, las calles son angostas y cuando el chofer pierde la paciencia acostumbra a cambiar su itinerario por un par de cuadras hasta alcanzar de nuevo algún empalme y volver.

Los pasajeros por lo general no se quejan, algunos incluso hasta celebran este desvío puesto que para esa altura del día ya están casi dos horas parados en el bus.

Lo peor del caso es que esta negativa experiencia con la que uno debe iniciar la jornada laboral se repite exactamente para el retorno. Con el agravante de que al caos hay que sumarle el peso de todo un día de trabajo. Así transcurre un día cualquiera en la rutina del que necesita trasladarse a Asunción.

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