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Deportes
viernes 25 de noviembre de 2016, 01:00

Cafecitos

LAS DOS CARAS... En uno de los viajes nos tocó un taxista fanático del Atlético Nacional. “Lo bueno para ustedes es que vinieron de paseo para conocer la ciudad y ver las mujeres más lindas del mundo. Porque no hay forma que el Atlético pierda este partido. Esta es la única Copa que nos falta y la vamos a ganar”, dejó en claro. A la vuelta nos tocó la otra cara de la moneda. El taxista era hincha del DIM y más allá de las palabras irreproducibles que utilizó al referirse al Atlético, dijo que él es hincha de todos los equipos que juegan contra el Albiverde. “Ahora todos somos Cerro y espero que ganen y amarguen a estos...”. Muy evidente el “cariño” que existe entre los máximos rivales de la ciudad.

resignación... El mejor de todos los taxistas fue uno que es hincha del Millonarios. “Soy hincha del más grande de todos, pero ya solo de nombre, porque ahora no le ganamos a nadie. Tenemos un plantel de 15 jugadores donde 11 están lesionados y jugamos con puros pelados (jóvenes). Pero le tengo fe que algún día volveremos a ser los mejores”, comentó el amigo entre risas.

AAAAY PATRÓN... Un grupo de hinchas de Cerro realizaron el paseo hasta la Hacienda Nápoles, la cual pertenecía a Pablo Escobar, el fundador y máximo líder del Cartel de Medellín, muy conocido últimamente por la serie El Patrón del Mal. Al conversar o escuchar hablar a los hermanos colombianos es imposible que no se te pegue alguna que otra frase que recuerde a la mencionada serie. Es por eso que en un par de ocasiones a más de uno nos salió la expresión: “Aaay Patrón” u otra característica de la serie que tiene a Pablo Emilio como personaje principal, quien no tiene el aprecio de la mayoría de la gente de Medellín, según nos contaron.

TEMPRANERO... Siempre, en cada estadio del mundo, los primeros en llegar son los vendedores de comida, de camisetas, gorros, bufandas y todo lo que tenga relación con el juego en cuestión. Ayer fue sorprendente ver cómo los hinchas ya estaban a los alrededores del Atanasio Girardot desde unas cinco horas antes del juego.

Mucho de esto tiene que ver con el gran momento del Gigante de la Montaña y por los 10.000 lugares menos que había en el estadio por culpa de los equipos y parte el escenario utilizado en el concierto de los Guns N’ Roses la noche anterior.