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Opinión
sábado 2 de julio de 2016, 01:00

Brexit, manipulación y bregret

Por Alfredo Boccia Paz – galiboc@tigo.com
Por Alfredo Boccia

Cuando Gran Bretaña salió de la Unión Europea, hubo dos informaciones curiosas. Primero fue el dato de que en las horas posteriores a la elección se multiplicaron las consultas que los ingleses hacían a Google. Preguntaban qué era la Unión Europea y cuáles eran las consecuencias de la salida, lo que sugería el desconocimiento sobre lo que habían votado.

Lo segundo fue la ira de los jóvenes contra sus mayores. El 75% de los menores de 24 años votó por la permanencia, mientras que los de mayor edad eligieron abandonar la Unión. La mayor abstención se dio entre los jóvenes, que comprobaron el viejo axioma de que si no votan, otros deciden por ellos. Los más viejos, temerosos de perder sus beneficios sociales y de ser invadidos por inmigrantes, morirán antes de ver las consecuencias de su voto. Pero complican el presente de miles de jóvenes que la tendrán más difícil para vivir y trabajar en 27 países europeos.

Ahora, demasiado tarde, muchos de los que apoyaron al brexit se muestran decepcionados. Por eso se habla del fenómeno bregret, del inglés regret (arrepentimiento). Pero, ¿por qué sucede esto? La mayoría de los que votaron por salir, lo hicieron porque esperaban algo muy distinto a lo que recibirán en la realidad. Esto demuestra lo fácil que es manipular al electorado, incluso en países tan adelantados. Porque fue eso: una manipulación demagógica magníficamente ejecutada.

La prensa devela muchos de los engaños. Los buses de Londres exhibían uno de los ejes de la campaña del brexit: el Reino Unido envía cada semana 350 millones de libras semanales al resto de Europa. Decían que si se cortaba esa hemorragia, gran parte de ese dinero se podría utilizar en la salud pública británica. Ahora hasta el propio Nigel Farage, líder del retiro, reconoce que eso es inviable.

Otra promesa que arrastró votos era la de frenar en seco la llegada de inmigrantes. Ahora el parlamentario euroescéptico Daniel Harnan admite que no se puede tener libre acceso al mercado único comunitario sin aceptar también la libre circulación de ciudadanos y que los inmigrantes potenciales eran mucho menos de lo que dijeron en la campaña.

Sostuvieron en su propaganda que Turquía entraría a la Unión Europea y sus ciudadanos tendrían acceso libre a la isla. La verdad es que Turquía pidió su ingreso en 1963 y nada indica que su espera tenga fin a corto plazo. Ahora aceptan que el Gobierno británico no tiene cómo compensar el fin de los subsidios europeos a sectores agrícolas, pesqueros y universitarios.

Ganaron el populismo y la irresponsabilidad de los que azuzaron la xenofobia. Con ideas simples pero mentirosas despertaron instintos nacionalistas capaces de devorar su propio futuro. No deja de ser una lección para todos.