Se ha repetido a lo largo de estos 25 años de democracia la ausencia del Estado en forma de servicios públicos que hagan que la gente que paga sus impuestos sea tratada como ciudadano y no como súbdito.
La historia de las rebeliones humanas ha tenido siempre un denominador común: el Estado o sus administradores viviendo como marahases mientras el pueblo sobreviviendo como daliks (miserables). El pago de varios aguinaldos y otras grandes ventajas de los servidores públicos que se han transformado en pícaros saqueadores, más temprano que tarde llevará a un levantamiento de la sociedad contra los administradores del Estado. Eso ha pasado siempre y Paraguay no será la excepción.
Lo venimos advirtiendo en estas columnas desde hace un buen tiempo. O el Estado gestiona lo público de manera eficiente o el país acaba con su paciencia y parsimonia y se levanta contra el Estado.
Un grupo de ex presidentes latinoamericanos y un multimillonario que los tiene a varios en su nómina, lo han vuelto a repetir con mismo tono, pero el Estado paraguayo finge demencia o como decimos popularmente: silba bajito.
El colmo de todos los privilegios es el pago por “presentismo” lo que en sí, además de ser algo ofensivo a la razón, constituye un improperio lanzado a la ciudadanía para que esta deje de pagar sus impuestos y cargue contra los sinvergüenzas que nos espetan que, además de pagarles por una tarea mal hecha, deben ser gratificados por nosotros porque están presentes donde debieran.
Ahora que la transparencia resulta indetenible sería bueno echar mano a los llamados “becarios” del Estado y no sería raro constatar que muchos jamás estudiaron, otros están muertos y una serie de vivos cobran mensualmente por los dos.
El Estado no tiene autoridad para pedir en estas condiciones que los ciudadanos paguen más impuestos sin demostrar antes un verdadero compromiso de sanear la administración pública.
Es absolutamente entendible que miles de ciudadanos migren a comunidades cercanas o lejanas para la habilitación de sus vehículos cuando el Estado de las calles de sus municipios no se corresponde con el dinero que cobran por certificar la calidad de sus rodados. Esto es simplemente una respuesta a las cosas que no funcionan bien. Y así como proclamaba Guy Sorman, el economista francés, si uno quiere acabar con un Estado derrochador, corrupto, insolente y soberbio... lo que hay que hacer es no pagar impuestos para matarlo de inanición.
Si con lo poco que se paga se roba tanto, la conclusión elemental es con más dinero el Estado robará más y seguirá haciendo poco.
Pasando el peaje de Villa Florida incrementado en más del 200%, un feroz y criminal bache nos recuerda tras el puente lo tontos que seguimos siendo.
Se espera que mate a alguno para que el incremento del peaje sea justificado. Si eso pasa a más de 150 kilómetros de Asunción o a la vuelta del MOPC en Luque, por favor no nos cuestionemos el estado de caminos y rutas en sitios aún más remotos.
Entendemos que el ausentismo prolongado del Estado lleve a que paguemos el “presentismo” de algunos. Pero, ¿debemos seguir en lo mismo o la rebeldía ciudadana puede hacernos terminar en una nueva dictadura por haber sido incapaz el Estado de sostener la democracia?
Esta es una pregunta perturbadora sin lugar a dudas.