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Opinión
sábado 15 de octubre de 2016, 02:00

Asociación policial ilícita para delinquir

Por Andrés Colmán Gutiérrez – En Twitter: @andrescolman
Por Andrés Colmán Gutiérrez

Esta vez les salió mal. Se equivocaron de víctima. No esperaban que la mujer a la que habían elegido al azar fuese una conocida diseñadora de calzados, dispuesta a no dejarse amedrentar ni a extorsionar, enfrentando decididamente a una de las tantas bandas con uniforme y placa policial, con las únicas armas que tenía a mano: su coraje cívico y la filmadora de su teléfono celular.

Los tres policías, dos hombres y una mujer, que probablemente nunca compran zapatos de marca ni se fijan en las columnas de sociales, no esperaban que la mujer a la que detuvieron y le plantaron 315 gramos de cocaína, obligándole a pasar toda una noche en la comisaría, hallaría tanto eco en los medios de prensa y en las redes sociales en internet, algo que casi nunca sucede cuando cometen abusos contra tanta gente humilde en cualquier comisaría del país.

Los vecinos cuentan que el "golpe" que los efectivos policiales de la Comisaría 11ª Metropolitana intentaron aplicar contra Tanya Villalba es algo habitual: la camioneta patrullera estacionada cerca del viaducto de Mariscal López a la caza de incautos, la detención arbitraria de vehículos para un supuesto "control", la búsqueda de "algo irregular" que les permita generar temor en el ciudadano o la ciudadana retenidos, luego conducirlos a algún desolado callejón en donde someterlos a una revisión totalmente ilegal, hasta generar una situación de chantaje en que la entrega de una suma de dinero es el único modo de ser liberados.

Ocurre con frecuencia en gran parte del territorio nacional. Quienes ingresan a hacerse policías ya saben que percibirán un bajo salario pero tendrán la oportunidad de acceder a muchos "extras": vender "protección", cobrar por servicios de vigilancia privada a comercios y residencias, liberar territorios para que se cometan robos y asaltos a cambio de una parte del botín, cerrar los ojos ante operaciones de tráfico ilegal en zonas fronterizas.

Hay quienes reclaman que los medios hagan tanto ruido con el caso de Tanya Villalba, pero no lo hacen con los muchos campesinos, trabajadores e indígenas que sufren los abusos de los policías corruptos y de gatillo fácil. Tienen toda la razón, pero no es culpa de Tanya. Ella es tan digna de solidaridad como cualquier otra víctima, y si su caso sirve para exponer y desbaratar al menos parte de esa asociación policial ilícita para delinquir, es un paso importante. Pero no vayamos a creer que esta es solo la historia de tres policías y un comisario que se desviaron de su vocación de "proteger y servir", sino que son parte de todo un sistema que está viciado y corrompido hasta la médula.