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domingo 19 de marzo de 2017, 10:53

Alternativas al cigarrillo: A más estudios, mayor controversia

Aunque el debate sobre las alternativas para reducir el daño causado por el tabaquismo ha estado varios años a la orden del día, una avalancha de estudios sobre el tema ha generado un cisma científico entre "entusiastas" y "escépticos", en medio del suspense sobre un aval a sus hallazgos.
EFE

Parte de los estudios -independientes, estatales y de la industria-, se han divulgado en la reunión de la Sociedad para la Investigación de la Nicotina y el Tabaco (SRNT), que culminó en Florencia (Italia), y muestran resultados diversos, con hallazgos positivos, en menor o mayor grado, en la reducción del daño y datos dispares sobre los efectos.

Entre las alternativas analizadas están los llamados vapeadores, los cigarrillos electrónicos, la pasta sueca de tabaco "snus" y los dispositivos que calientan el tabaco sin quemarlo.

Y los temas incluyen el porcentaje de reducción del riesgo frente al cigarrillo convencional, la posibilidad de que ayuden a dejar de fumar, el peligro que pueden representar para los niños, sus efectos en la adicción a la nicotina y recomendaciones para su regulación.

El experto estadounidense en salud pública y tabaquismo Kenneth Warner dijo a Efe que los cuestionamientos mutuos entre "escépticos y optimistas" se basan en aspectos como "la población analizada en los estudios, si se usó una técnica empleada para otras sustancias distintas a la nicotina o el periodo de tiempo de evaluación de los efectos".

Mientras Chris Wynne, director médico de la Fundación de Estudios Clínicos de Christchurch, en Nueva Zelanda, cree que, más allá de lo técnico, detrás de esas diferencias está "el blanco y negro" del tabaquismo, "o dejas de fumar o mueres".

Para este oncólogo, "si bien la nicotina es adictiva, el daño lo genera la combustión, por lo que dar otras opciones al fumador puede salvar vidas".

Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que cada año cerca de 6 millones de personas mueren por alguna enfermedad relacionada con el tabaco y entre el 90 % y el 95 % de los fumadores que intenta dejarlo sin ayuda recae.

"Si realmente no pueden dejarlo hay que cambiarse a algo que reduzca el daño", agregó Wynne.

Pero el Convenio Marco para el Control del Tabaco de la OMS, que ha mostrado cautela ante las alternativas a los productos tradicionales de la industria tabacalera y en 2014 reconoció la necesidad de regularlos, no ha emitido ninguna recomendación debido, precisamente, a la falta de consenso y de "evidencias suficientes".

Linda Bauld, directora adjunta del Centro de Estudios sobre Tabaco y Alcohol del Reino Unido, uno de los países que más ha avanzado en la regulación de las alternativas al cigarrillo, atribuye el desacuerdo a las diferencias sobre los efectos de la nicotina y a la desconfianza ante las tabacaleras, promotoras de algunos de los nuevos dispositivos.

Representantes de la industria responden que tratan de garantizar la "transparencia" en sus estudios.

"Buscamos no solo llevar un producto al mercado sino generar todo un paquete de evidencias sobre el potencial de reducción del daño, por eso somos abiertos y hemos publicado todos nuestros resultados", aseguró a Efe Gizelle Baker, una epidemióloga que trabaja en el millonario proyecto científico de la tabacalera Philip Morris International (PMI) para lograr "un futuro sin humo".

De acuerdo con PMI, que ha invertido unos 3.000 millones de dólares desde 2008 en su proyecto, la base de sus nuevos productos es que el riesgo para la salud no es la nicotina, sino el proceso que se produce al encender un cigarrillo, y el primer resultado de esa investigación es un dispositivo que, según la empresa, calienta el tabaco por debajo del punto de combustión.

"Teníamos la ciencia centrada en conocer qué produce el daño y sabemos ahora que lo causa la combustión. Ahora el objetivo es reducir ese daño", expresó Patrick Picavet, doctor en Medicina y líder del equipo de estrategia de verificación clínica en PMI.

A la espera de una recomendación de la OMS, la Unión Europea ya emitió una directiva que no prohíbe los cigarrillos electrónicos, pero introduce ciertos requisitos de seguridad; y EE.UU. decidió incluirlos en la ley de control del tabaquismo y prohibir su venta a menores de 18 años, una de las principales preocupaciones de sus detractores.

Expertos también se refirieron en la conferencia a los casos de Reino Unido, que incluso etiquetó un modelo de "e-cigarette" como producto para dejar de fumar, y explicaron que Canadá, Colombia y Argentina se han abierto a estas opciones.

"La coincidencia es que el cigarrillo va a desaparecer, ya sea que las personas logren dejar de fumar o que opten por esas alternativas", puntualizó Kenneth Warner.