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Opinión
domingo 25 de septiembre de 2016, 01:00

Alegre exorcismo

Por Estela Ruiz Díaz
Por Estela Ruíz Díaz

Enfundado en su nuevo traje de presidente del PLRA, Efraín Alegre comandó una convención hace ocho días, donde apretó tuercas, golpeando hasta la humillación al llanismo. La asamblea liberal, enarbolando la perdida bandera de la ética y moral, decidió adoptar un perfil de confrontación total al Gobierno de Horacio Cartes y para ello llevó a cabo purgas dentro del partido. Una dura opción que provocó crisis con riesgo de quiebre y cuyas consecuencias son impredecibles.

La convención finalizó a la medida de su interés electoral: rechazo a la reelección en todas sus formas (aunque en este punto el llanismo también tenía la misma postura); alianzas electorales y la sanción a los que se apartan de la línea política del partido.

Una de las resoluciones más drásticas fue la inhabilitación por un periodo electoral de seis diputados (unos llanistas, otros inorgánicos) Édgar Ortiz, Fernando Nicora, Milciades Duré, Sergio Rojas, Ramona Mendoza y María Carísimo, porque se ausentaron en la sesión donde se trató la intervención de la Municipalidad de Ciudad del Este, dirigida por Sandra McLeod, esposa de Javier Zacarías, aliado político del presidente de la República.

EN LA DELGADA LÍNEA ROJA. Los citados diputados, con comportamiento errático y sospechoso en varios casos, por cierto, tenían una causa en el Tribunal de Conducta que aún no llegó a sentencia, pero la convención tomó un atajo y los castigó de cuajo, sin respetar el debido proceso. Si bien la convención es la máxima autoridad del partido y sus decisiones políticas son inapelables (solo otra convención puede modificar su decisión), esta condena "políticamente correcta" puede ser un trago amargo para Alegre a largo plazo.

Cada uno de los castigados son líderes en sus respectivos departamentos y según los resultados del 2013, ganaron sus bancas pisando los talones a los colorados. Exceptuando Itapúa, en los demás Departamentos (Central, Concepción y Cordillera), perdieron por escaso porcentaje de diferencia con respecto a la ANR.

Alegre arriesgó su carta más audaz y lanzó una granada dentro del partido. A partir de ahora, caminará en campo minado porque el llanismo rompió lanzas lo cual vaticina una cruenta interna. Y los liberales tienen menos capacidad de curar heridas que los colorados.

Su vicepresidente, el luguista José Pakova Ledesma, no estuvo de acuerdo y manifestó públicamente su enojo. Consideró drástica la medida y responsabilizó a Alegre del linchamiento público. Ya antes de la convención hubo roces entre ambos. Una tempranera pelea de la dupla ganadora del PLRA que desnuda una alianza hecha a fuerza de necesidades electorales.

¿SANTOS VS. PECADORES? Los sentenciados reaccionaron acusando a los aliados del presidente del PLRA de tener techo de vidrio. El voto liberal a favor de la grosera concesión a la empresa Tape Porã por 30 años fue clave para su aprobación. En Diputados aparecen los hombres de Alegre votando por el proyecto y en Senado solo la senadora Emilia Alfaro se opuso. En ese enjuague estuvieron todos, los llamados liberales cartistas y los rabiosos liberales anticartistas. Y este es tanto o más vergonzoso que el caso Ciudad del Este. Los diputados sancionados también mencionan como pecado de sus censores el voto favorable a la ley del tabaco, aprobada a la medida de los intereses empresariales del presidente de la República.

BLINDAJE A LA CORTE. Otra decisión controversial de la convención fue blindar a los cuestionados ministros de la Corte Suprema de Justicia. La maniobra no es sino una grosera connivencia con el poder más cuestionado por la ciudadanía, donde los ministros liberales (con pedidos de juicio política encima) tienen la cruz más pesada por las acusaciones de corrupción. El nuevo oficialismo liberal lanza balas de fogueo planteando una dicotomía falsa: hay que hacer la reforma judicial y no solo el cambio de un ministro por otro. Esto no es otra cosa sino protección pura y dura, con tufo a trueque.

Esta incoherencia cayó por su propio peso el viernes cuando Alegre fue a dar su apoyo al polémico abogado Paraguayo Cubas y al concejal Celso Miranda (Kelembú) quienes mantienen una pelea titánica con los Zacarías Irún. Cubas agregó otro punto a su controversial estilo al cintarear al juez y defecar en su despacho, dejando así su escatológica opinión sobre la Justicia, cuya cúpula fue blindada apenas una semana atrás por el nuevo líder del PLRA.

UN CAMINO PEDREGOSO. Hay una verdad que como negro nubarrón sobrevuela sobre el partido hace tiempo. Desde el corto mandato de Federico Franco salpicado por la corrupción más el indisimulado apoyo al Gobierno de Cartes, el PLRA se ha desdibujado de manera vertiginosa. El hartazgo de los liberales fue la clave de la victoria de Alegre.

Interpretando ese mensaje, decidió jugar duro, sin medias tintas, y como él dice en tono altisonante "cortando la mano de Cartes en el PLRA", y que con "el nuevo oficialismo patriota, el PLRA ya no es un partido que se vende. Este es un partido nuevo, coherente y opositor". Mirando el 2018 y tratando de conquistar votos más allá de su partido, decidió tomar el camino más espinoso, instalando una especie de exorcismo permanente en el PLRA.

El tiempo dirá si esta jugada que lo obliga a caminar en la cornisa fue acertada o se puso tempranamente la soga al cuello.