31 mar. 2026

Abuelos digitales

Colocar a la edad como un obstáculo para aprender cosas nuevas no es algo que encaje con este particular grupo de adultos mayores que estudian informática. Conozca la historia de tres de ellos.

Abuelos digitales

Revista Vida

Por Natalia Ferreira Barbosa / Foto: Fernando Franceschelli.

Los niños de hoy aprenden a usar un celular a los tres años, y una computadora más o menos a esa edad o un par de años después. La gente utiliza hoy un lenguaje que hace 10 ó 20 años hubiese sido poco usual o que incluso no existía. Por ejemplo, se habla tan corrientemente de Facebook, WhatsApp o Twitter como si fueran herramientas que existieron siempre, pero hubo una época en la que se ubicaba a las personas únicamente por línea baja, los documentos se redactaban con máquina de escribir y el fax era el medio para enviar la copia de un archivo.
Lo que para unos es de lo más rutinario, como el uso de una computadora o un smartphone, para otros es todo un desafío, ya sea porque nunca les llamó la atención o porque crecieron en una época ajena a estas tecnologías. Eloy Vallovera (74) se desempeña como vendedor de seguros y está haciendo un curso de informática para adultos mayores en el Centro Paraguayo Japonés (CPJ). “Cuando trabajábamos en la oficina, no teníamos estos adelantos. Recién en la década del 90, las secretarias comenzaron a usar las primeras máquinas, y la gente tenía miedo porque creía que si venía la computadora, muchos se iban a quedar sin empleo. Mientras trabajé en la parte administrativa nunca toqué una PC; me interesaba, pero nunca tuve la oportunidad. Ahora quiero estar a la altura de mis hijos y nietos, o si no, me quedo atrás. Quiero hablar el mismo idioma que ellos”, cuenta. Él y sus compañeros adultos mayores formaron el denominado Grupo Mbarete.

Motivos

Eloy se animó a inscribirse el año pasado y está muy a gusto desde entonces. Él ya había asistido a un curso en otro lugar, pero como allí también estudiaban jóvenes, la experiencia fue diferente. “Ellos hacían volar la computadora y yo quedaba muy atrasado, entonces no funcionaba el tema. Nosotros somos lentos con las manos, lentos en el pensamiento —se pone un dedo en la sien—, y los chicos, sin estudiar, vuelan. Acá nos sentimos a gusto, porque estamos entre pares”, resalta.
La sensación de bienestar es compartida. Aprender paso a paso sin la presión de no quedar atrás les da libertad. Gladys Segovia (76), mejor conocida como Moñy, recuerda con cariño a su primera profesora en el CPJ, Norma Quintero: “Nos enseñó como en primer grado. Por poco no nos tomaba de la mano para que perdiéramos el miedo al teclado. No me incluyo, porque fui taquimecanógrafa y también manejaba la computadora, pero en el 2000 me jubilé y después me ocupé de otras cosas. Cuando no estás con esto de la tecnología, te volvés un analfabeto”, afirma.
El deseo de actualizarse y de estar en las redes sociales fue lo que la impulsó a inscribirse en el curso. Desde que está presente en las clases, se involucra en la política activamente, vende productos de su huerta y procura estar en contacto con gente. Para Ercilia Appleyard (77), aprender a usar la computadora e internet era una necesidad para comunicarse con sus hijos y nietos. Muchos de ellos viven en el extranjero, por lo que la cuenta del teléfono era tremenda. “Nuestro profesor actual, Jorge Moreno, es grandioso y no faltan las preguntas para el pobre. Cuando uno no entiende, él viene, te explica y muestra. Lo que pasa nomás algunas veces es que mueve los dedos tan rápido, que tengo que pedirle que repita. Soy capaz de filmarle para ver qué hace con los deditos”, dice riendo Ercilia.

Más posibilidades

Por el momento, el grupo repasa lo que dio en clases anteriores. Para sus integrantes, practicar es muy importante. “Si no practicamos permanentemente, nos olvidamos. Algunas veces me cuesta recordar las instrucciones, por eso anotamos el paso a paso, para encontrar una carpeta, por ejemplo. En casa practico poco. Mi hijo tiene una computadora, me dice que la use, pero no quiero. Lo que pasa es que tenemos miedo de que si tocamos mal una tecla —cuenta Eloy con una sonrisa— podamos borrar alguna cosa. Esa es nuestra mentalidad”.
Ellos van venciendo sus miedos y descubren múltiples posibilidades. Eloy encontró en internet una fuente para saciar su sed de historia nacional e internacional. Aparte del uso de las computadoras, algunos suelen llevar sus celulares para que el profesor les oriente sobre su uso. Retomar contacto con viejos amigos en las redes sociales y enterarse de las novedades fue reconfortante para ellos.
“Todo el día estamos en contacto, alzamos las cosas que queremos que vean nuestras amistades y buscamos información. En Facebook encontré a muchísimas personas. Si voy a aceptar a todos los que me conocen o piden amistad, no voy a poder hacer nada en mi casa. Ya mi marido me dice que me paso todo el día con la computadora y el celular. Y no puedo dejar. Acá todas las veces hay una novedad”, señala Moñy, quien toma su celular y chequea si tiene nuevos mensajes en el WhatsApp. En segundos encuentra algo: "¿Viste el mate antigripal? Se pone la yerba en el pomelo y tomás todo el día”, comparte. Siempre hay algo nuevo que aprender, sin importar la edad.

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