16 ago 2026

Zeballenses sufren penurias por pésimo servicio de buses

Una mujer de avanzada edad sube con ayuda de otro pasajero a uno de los buses especiales que dispuso ayer la Comuna de Asunción para suplir el itinerario de la suspendida Línea 6 en Zeballos Cué. El miércoles pasado no fue al mercado a vender sus productos, porque no pudo viajar con sus bolsos en la Línea 23, contó apenas se sentó en el bus. A otros vecinos suyos, pescadores todos, les pasó igual.

Peregrinaje.  Algunos deciden caminar varios kilómetros  bajo el sol radiante para ir al centro.

Peregrinaje. Algunos deciden caminar varios kilómetros bajo el sol radiante para ir al centro.

“Esa empresa no te alza si tenés muchos bolsos y si sos anciano menos; a los escueleros tampoco les suben para no cobrar medio pasaje”, disparó Luli de Benítez, vecina y comerciante de la zona.

Los pobladores de Zeballos Cué claman por un transporte público para poder salir e ingresar al barrio con normalidad sin tener que pasar las penurias de esperar durante horas el colectivo; caminar kilómetros bajo el sol radiante, de día, o sorteando la inseguridad, de noche.

La suspensión de la Línea 6 –de 15 unidades ninguna aprobó la inspección vehicular por su pésimo estado– agravó aún más el déficit de transporte que padecen los zeballenses. “Ojalá que siempre nos pongan estos lindos colectivos para poder salir por lo menos hasta Artigas”, expresó una usuaria sobre las unidades que la Comuna puso desde ayer, de forma provisoria.

Son alrededor de 1.500 pasajeros que se han quedado sin el servicio, muy particularmente los escolares, ancianos y mercaderas. Señalan que la Línea 23 no abastece, circula cada una hora y, si bien son colectivos nuevos, son maltratados por los choferes, según manifestaron a un equipo de ÚH que recorrió el barrio.

En la víspera, para asombro de los vecinos, la firma en cuestión operó con una frecuencia de diez minutos.

“Necesitamos vehículos que vayan por el mismo itinerario de la Línea 6, pero en mejores condiciones. En estos días para salir tuvimos que tomar dos colectivos. El problema es para volver después”, refirió Patricia Villalba, una enfermera que subió con sus hijas al bus especial. “Me entristece mucho que Zeballos sea el barrio más poblado de Asunción (1.970 habitantes) y que tengamos que vivir así”, lanzó.

Procesión. A tempranas horas de la mañana, en caravana va la gente a sus trabajos y los niños a la escuela.

Los colectivos de la 23 llegan repletos en horas pico y lo mismo al término de la jornada laboral, por la tarde.

A la noche, muchos universitarios se ven obligados a volver a sus casas caminando alrededor de 3 km exponiéndose al peligro. “Mi hija se va a la facultad a la noche y a veces viene caminando de Loma Pytá porque no hay más la Línea 23”, comentó Teresita Benítez, directora del Colegio Nacional De las Residentas.

La mayoría de los alumnos de Teresita viven en Viñas Cué y se van caminando.

“A las 18.00 la plaza se llena y la Línea 23 no les alza porque no quieren cobrar medio pasaje. La vez pasada varios de mis alumnos estaban todavía esperando el colectivo a las siete de la tarde”, relató.

La mayoría de los docentes se atrasan también a veces al no tener cómo llegar, ya que viven en Trinidad y Loma Pytá.