Por Carlos Darío Torres / Foto: Fernando Franceschelli
Hubo un tiempo en el que los equipos de fútbol extranjeros eran recibidos a naranjazos cuando ingresaban a nuestras canchas para enfrentar a los equipos locales. Esa imagen pasó a formar parte del folclore futbolero y era motivo de bromas de parte de jugadores, periodistas y aficionados que nos visitaban. Pero hoy, estos y otros cítricos desaparecieron, y no solo de las canchas.
¿Por qué dejamos de ver y saborear nuestras tradicionales naranjas? “Lo que pasó fue que llegaron las injertadas, que son de mejor calidad y tienen épocas diferentes en cuanto a producción. La naranja Paraguay solo se produce en invierno, en los meses de mayo, junio y julio”, explica el ingeniero Luis González Segnana, del Departamento de Fruticultura de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Asunción (UNA).
El profesional agrega que en el país existen hoy variedades precoces de este cítrico, que permiten tener producción suficiente durante todo el año, situación que terminó desplazando a las naranjas Paraguay, sobre todo de las despensas de barrio y de las góndolas de los supermercados.
Pero no es esta la única razón de la casi desaparición de nuestro emblemático cítrico. Según González Segnana, otra causa de la disminución es la presencia de un hongo de suelo llamado fitóftora.
Este hongo se desarrolla en el sistema radicular de los árboles, produciendo la muerte paulatina de las células y tejidos de las raíces, lo cual reduce o elimina su capacidad de absorber humedad y nutrientes. Consecuentemente, las hojas de la planta afectada comienzan a marchitarse, produciéndose una defoliación (pérdida de hojas) progresiva y la muerte –regresiva o incluso súbita– de brotes y ramas.
La naranja Paraguay es particularmente sensible a la enfermedad, sobre todo porque es de pie franco, como se denomina en términos técnicos a las plantas que se reproducen mediante semillas. Tanto afecta el hongo a la naranja dulce que la puso al borde de la extinción.
Pero esta variedad no es la única afectada. Otra, no tan difundida pero igual de apreciada, la lima de Persia, también tiene el mismo problema y está desapareciendo del panorama local por causa de este hongo del suelo.
Momento agridulce
Otra fruta que ya casi no se ve en las mesas paraguayas ni en las veredas ni en los patios es el limón sutil, también conocido como lima sutĩ. Su penetrante y agradable aroma le dio sabor por muchos años a nuestras ensaladas y a refrescantes jugos. Actualmente, su lugar lo ocupa el limón Tahití, de olor semejante y de mayor tamaño.
El limón sutil es muy sensible al virus de la tristeza, una enfermedad que hizo que el número de ejemplares de la planta fuese disminuyendo sostenidamente hasta dejarlo al límite de la desaparición. González Segnana explica que este ya es un virus endémico en Paraguay y que fue introducido en el país en las décadas del 50 y 60. Tiene un vector, el pulgón negro de los cítricos, que terminó por diseminarse en nuestro territorio.
“Entró con los cítricos cuando se comenzaron a traer varetas (ramas para injertar) de afuera, por la necesidad de buscar nuevas variedades. Por eso hay que tener cuidado con la introducción de materiales de otros países. En esa época no se conocía mucho, y por eso entraron, incluso, legalmente”, añade el especialista.
Pero no todas son malas noticias. González Segnana nos asegura que todos los cítricos que creíamos extintos todavía se pueden encontrar, gracias a los esfuerzos de los profesionales del área, quienes están produciendo variedades más resistentes a partir de injertos.
“Resulta que hoy las naranjas tienen que ser injertadas, porque combinando, por ejemplo, un limón (cultivado con semilla) con una naranja, esta se vuelve más resistente. Así viven más tiempo y producen más. Tenemos naranja en Mbuyapey y otras que son selecciones locales de clones”, dice el experto.
Para crear una variedad de naranja criolla, los ingenieros se desplazan hasta las zonas rurales y buscan las que consideran que podrían ser aptas para el proceso. Una vez identificadas las variedades, colectan las yemas, las injertan y así multiplican una fruta resistente.
¿Y el sabor de la nueva variedad injertada? “No cambia absolutamente nada, ni el sabor ni el aspecto, y si de por ahí se produce alguna variación, esta es mínima e imperceptible”, asegura González Segnana.
“Lo que tenemos que hacer es trabajar para producir variedades que nos permitan tener naranjas y otros cítricos todo el año”, destaca el experto, pero hace la salvedad de que la planta tiene que ser injertada, por las ventajas que ofrece en términos productivos.
En la facultad de Ciencias Agrarias abundan los cítricos que son resultado de la experimentación y con características similares a las frutas que saboreábamos hasta hace algunos años, como el limón sutil y la lima de Persia, y otras como el apepu o naranja hái, que permanece firme debido a su resistencia y que también tiene su propia variedad dulce, producto del injerto.
Identificadas con nuestra cultura e inseparables de nuestras costumbres, las naranjas paraguayas y los otros cítricos, característicos del suelo guaraní, no deben desaparecer. Y si bien ya no son tan visibles como antaño, gracias a la ciencia todavía existen, y podemos disfrutar de sus sabores y colores tan paraguayos.