Opinión

¿Y el trabajo digno?

Lida Duarte – @lidaduarte

En su discurso el presidente Mario Abdo Benítez deja en claro que maneja categorías de “trabajadores”, donde los empleadores son “gente de trabajo” y los empleados se limitan a ser perseguidores del bienestar del patrón.

Este mensaje cargado de determinismo lo dijo en territorio chaqueño, un día después de la masiva fuga/liberación de miembros del Primer Comando Capital de la cárcel de Pedro Juan Caballero y un día antes de los síntomas del dengue. Se dirigió en ese momento a los ganaderos y dueños de frigoríficos que conforman una cadena productiva que tuvo un bajón en sus ganancias en el último año, en el caso de las industrias, el 48% no prevé contratar nuevo personal en los próximos dos años.

“Creo y sostengo que lo único que le va a sacar adelante al Paraguay es la reconstrucción de la conciencia productiva, la cultura del trabajo”, se animó a pregonar un gobernante que ni siquiera tiene control sobre crispaciones entre autoridades del Ministerio del Trabajo, que a su vez no expresan una mínima empatía por la clase trabajadora. Allí, la pulseada por la popularidad ganó el ahora ex director del Empleo, Enrique López, quien logró la aceptación de la ciudadanía y de los medios con una de las problemáticas más sensibles, el trabajo, aunque el impacto real de su gestión no es tema de discusión.

Para él, “la gente de trabajo” es la que le da una palmada cuando las papas queman, pero a cambio debe rendir interminables agradecimientos y ceder a futuros pedidos.

Las frases desafortunadas del mandatario en el lanzamiento de la vacunación contra la aftosa continuaron y cada vez con más euforia en medio de aplausos condescendientes. “Si le va bien al patrón, le va bien al empleado, no hay manera de que le vaya mal al patrón y le vaya bien al empleado”, y así siguió poniendo a prueba la presión arterial.

¿Y el trabajo digno? A los ojos de este presidente, la pobreza pasa a ser una elección. En este contexto, los pobres pasan a ser objeto de miedo, odio y condena, como menciona un ensayo acerca del pensamiento de Zygmunt Bauman, que tiene como autores a Adriana Marrero y Nicolás Trajtenberg.

Justamente Mario Abdo está a la cabeza de un Gobierno que asiste apenas al 30% de los pequeños productores, trabajadores rurales que cuando logran conseguir créditos para invertir en sus huertas, lo hacen con un riesgo alto, pues el mercado para sus frutas y verduras no está garantizado y menos el precio, la importación y el contrabando le juegan en contra. En su caso, además deben sortear las dificultades propias del campo con la falta de caminos y déficit en servicios básicos, que debería encargar el Estado.

También podemos recordarle a Abdo acerca de la desocupación en Asunción, que alcanza a 18.183 personas y la subocupación a casi 8.000 de una población de 523.182 en edad de trabajar, de acuerdo a la Encuesta Permanente de Hogares 2017-2018, que toma los 15 años para adelante. Las cifras son más alarmantes en el interior del país, por ejemplo en Cordillera, donde la tasa de desocupación llega al 6,2% de los hombres y 10,1% de las mujeres, lo que además de representar una preocupación en sí, refleja que aún existe una desigualdad basada en el género.

Escucharlo es un golpe al estómago y a la paciencia, paciencia que se va agotando y pensar que faltan más de tres años para volver a las urnas.

El anhelo del “trabajo digno” no lo contempla Abdo en su discurso, solo da espacio a la sumisión al “patrón” en un momento en que la población no se recupera de la crisis económica, situación aprovechada para vulnerar los derechos laborales.

Con su mensaje defiende el hoyo de la inestabilidad e imposibilidad de proyectarse en el tiempo, dos características de su propio Gobierno , que pende de un hilo, el de la voluntad de su patrón.

Dejá tu comentario