Por Gloria Ayala Person, vice presidente ADEC
El escenario actual no es comparable con ninguno que hayamos vivido. Paralizar a la humanidad a través del confinamiento total prolongado acarrea un innegable alto impacto económico y sociológico con consecuencias que aún ni podemos dimensionar.
Para tomar decisiones es crucial aceptar que la realidad que conocíamos antes de la pandemia simplemente ya no existe y ha sido alterada para siempre, estamos viviendo un escenario donde incertidumbre es la única certeza. Estamos en recesión y nadie (a menos que sea adivino o mentiroso) podría plantear un plazo razonable de cuándo, o incluso cómo, podría darse “el nuevo normal”.
Hay rubros que aún no saben cuándo podrán reactivarse ni qué inversiones serán necesarias para poder adaptarse a los requerimientos y si con ello serían o no rentables sus emprendimientos. Esta es la coyuntura en la que estamos, una nueva realidad y debemos reinventar, rediseñar y desarrollar nuestros planes y metas acorde a la misma.
El aprendizaje es un regalo, incluso cuando la crisis es la maestra, y entre sus muchas enseñanzas también ha servido para dimensionar el enorme flujo de contrabando y economía informal subterránea que impera como normal en varios sectores y que afecta a miles de personas, desnudando la miserable inequidad en la que vive un gran porcentaje de la población con empleos informales y más cercanos a la supervivencia que a la dignidad del trabajo.
Esta situación a todos los sectores golpea en mayor o menor medida; el desempleo y el cierre de comercios implican un corte en la cadena de consumo y, por ende, en la circulación de la moneda y la capacidad de pagos, resultando evidente que a nadie le conviene clientes sin dinero. Sin embargo, la transformación de mercado renueva un espacio fascinante de oportunidades, algunas para aprovechar y muchas otras por crear e innovar.
El no tomar decisiones también es una decisión y nos puede llevar a desaparecer. Es claro que no será ni el más grande ni el más fuerte quien sobreviva, sino quien mejor se adapte a las nuevas condiciones del mercado. Por lo tanto, es momento de prudencia, pero no de quedarse paralizado.
La pandemia trae unas oportunidades fantásticas para transformaciones profundas, en el Estado, en el sector social (académico principalmente) y empresarial. Las reformas requeridas son absolutamente prioritarias en todos los sectores, las cuales deben realizarse sin demora y con la mirada puesta en la eficiencia y la transparencia.