Los llamativos entretelones de la destitución del hasta ayer director de Aduanas Javier Contreras han disparado las dudas sobre las verdaderas intenciones de las autoridades del Poder Ejecutivo, empezando por el mismo presidente Fernando Lugo. El caso se manejó con absoluto hermetismo y hasta ayer ningún alto funcionario del Gobierno se dignó en brindar una explicación razonable del por qué se echa de una institución clave del Estado a un funcionario que demostró eficiencia, no tuvo denuncias de corrupción en su administración y cuenta con el apoyo de diferentes estamentos de la sociedad. El tema se vuelve aún más escabroso cuando se nombra en su reemplazo a una persona cuestionada por su pasado al frente de otra institución recaudadora como Tributación. La medida asumida ayer por el Poder Ejecutivo marca un antes y un después. Ante esta dolorosa realidad muchos ya se preguntan: ¿será esta una declaración oficial de la vuelta de los maletines para financiar campañas políticas o engrosar algún patrimonio familiar?