“Mujer, ¿ninguno te ha condenado?”. “Ninguno, Señor”. “Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más”. Se marcharon todos, uno tras otro, comenzando por los más viejos. No tenían la conciencia limpia, y lo que buscaban era tender una trampa al Señor.
“Cor Mariae perdolentis, miserere nobis”, invoca al corazón de Santa María, con ánimo y decisión de unirte a su dolor, en reparación por tus pecados y por los de los hombres de todos los tiempos.
“Y pídele –para cada alma– que ese dolor suyo aumente en nosotros la aversión al pecado, y que sepamos amar, como expiación, las contrariedades físicas o morales de cada jornada”.
El papa Francisco, a propósito del Evangelio de hoy, dijo: “¡Quien de vosotros esté sin pecado, tire la primera piedra contra ella!”. El evangelio, con una cierta ironía, dice que los acusadores se fueron, uno a uno, comenzando por los más ancianos.
Y Jesús se queda solo con la mujer, como un confesor, diciéndole: Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado? ¿Dónde están? Estamos solos, tú y yo. Tú ante Dios, sin las acusaciones, sin las habladurías. ¡Tú y Dios! ¿Nadie te ha condenado?.
La mujer responde: ¡Nadie, Señor!, pero ella no dice: ¡Ha sido una falsa acusación! ¡Yo no he cometido adulterio! Reconoce su pecado y Jesús afirma: ¡Yo tampoco te condeno! Ve, ve y de ahora en adelante no peques más, para no pasar por un momento tan feo como este; para no pasar tanta vergüenza; para no ofender a Dios, para no ensuciar la hermosa relación entre Dios y su pueblo.
¡Jesús perdona! Pero aquí se trata de algo más que del perdón: Jesús supera la ley y va más allá. No le dice: ‘¡El adulterio no es pecado!’ Pero no la condena con la ley. Y este es el misterio de la misericordia de Jesús”.
(De http://www.homiletica.org/francisfernandez/franciscofernandez0147.htm y
http://es.catholic.net/op/articulos/14367/el-que-est-sin-pecado-que-le-arroje-la-primera-piedra.html#modal).