–Supongamos que entra a un túnel del tiempo, ¿qué recuerda de su niñez?
–Mi hermana menor tenía un año, mi madre estaba embarazada de siete meses de mi hermano menor y mi hermano más viejo tenía nueve años cuando mi padre falleció. Éramos ocho hermanos.
–¿Son brasileños?
–Yo nací en Brasil, mis padres vinieron desde Japón. En aquellos tiempos (1932), los inmigrantes soñaban con venir a Brasil para ganar mucho dinero y después regresar. Ese era el sueño, pero al tocar tierra se daban cuenta de que la realidad era muy diferente.
–¿Qué significó el vacío que dejó su padre?
–Mi madre decidió dejar el interior de São Paulo para estar más cerca de su hermano, en el interior de Paraná. Ahí, fuimos acogidos en un abrigo para pobres, eran tiempos muy difíciles. Mi madre no sabía leer ni escribir en portugués, lo cual dificultaba aún más nuestra situación; de ahí no le quedó otra opción que remangarse y trabajar duro, carpiendo, cultivando verduras y cosechando café y algodón para que no nos faltara nada. Parte de la cosecha era para el consumo familiar y la otra parte se vendía en la ciudad, siempre en una canasta de verduras frescas, así empezó a tener sus primeros clientes.
–La clientela fue creciendo y lo que ella plantaba ya no daba abasto, entonces pasó a despertarse cada vez más temprano para comprar verduras en otra ciudad y comercializarlas en donde vivíamos. La dificultad era que ella no tenía el capital suficiente para mantener un stock de productos, entonces la única alternativa era despertarse de madrugada, vender durante el día y así tener un flujo de caja para mantener el negocio. En aquella época yo pensaba que los clientes solo compraban sus verduras porque sentían lástima de una viuda con 8 hijos; pero hoy entiendo que mi madre fue muy inteligente y muy empresaria porque a pesar de sus limitaciones, creó todo un sistema de cuenta corriente con la venta a crédito de sus verduras.
–¿Llegó a cumplir su sueño tu madre?
–¡Sí, consiguió!, fue un regalo de todos sus hijos, cuando cumplió 66 años, 50 años luego de haber partido de Japón, ella pudo dormir en la misma casa de cuando era joven; fue una emoción indescriptible.
–Y usted, ¿cómo fue el inicio de su carrera en el mundo de los negocios?
–En la escuela, la profesora y los compañeros de aula me admiraban por la habilidad que tenía con las matemáticas, pero la verdad es que aprendí todo en la práctica, vendiendo las verduras de mi madre. Unos años después nos mudamos a la gran ciudad, São Paulo, donde mi primer empleo fue en una tienda de juguetes; luego fui a trabajar en una gran industria, mi primer empleo formal. Era un simple ordenanza, vivía corriendo por las calles de São Paulo y muchas veces ni almorzaba porque siempre quería hacer más de lo que me pedían.
–¿Alguna anécdota de esos tiempos?
–Como yo siempre hacía todo y más, mi jefe cada vez me daba mayor confianza. Su secretaria, quien era la que preparaba las tareas que tenía que ejecutar, también era mi jefa. Hoy esa mujer (Janete) es mi esposa, madre de mis dos hijos, ¡por lo que también sigue siendo mi jefa!
–¿Y en el plano laboral?
–Un día, como siempre apurado por todo lo que tenía que hacer, salí corriendo del banco, tropecé con un hombre y se me caen todos mis papeles al suelo. Pido disculpas al señor y me preparo para seguir con la carrera de tareas, fue ahí que el hombre me llama por mi nombre, lo cual me sorprende, recién ahí me di cuenta de que era el director de la empresa. Fue un gran susto; él me autorizó a terminar con la jornada laboral y me citó a su oficina para el día siguiente; no pude dormir durante toda la noche porque temía perder mi empleo, pero la sorpresa fue tal, que recibí un ascenso. Esa misma persona, más tarde me invito a trabajar en otra compañía.
–¿Cómo sigue esta aventura en el sector financiero?
–En 1975 empecé a trabajar en la mayor emisora y procesadora de dinero plástico de Brasil y fue el año que efectivamente descubrí un nuevo mundo, el mundo de las tarjetas de crédito. Luego, por invitación de American Express, montamos dos empresas, una en Brasil y otra en México. Ya en México, me otorgaron el desafío de instalar la mayor red de cajeros automáticos del país, donde logramos conectar el 100% de los cajeros al sistema financiero. De regreso a Brasil, en 1997, empecé a trabajar para Unibanco, hoy Holding Itaú-Unibanco, llegando a ser presidente de Redecard SA, una de las mayores empresas de adquirencias de tarjetas del mundo.
–¿Y el capítulo Paraguay?
–Llegamos en el 2005 y nos quedamos hasta el 2011, fueron los seis mejores años de nuestras vidas; no conocíamos Paraguay, pero enseguida nos enamorados del país porque fuimos muy bien recibidos.
–¿Qué le llamó la atención durante ese periodo?
–Fue emocionante ver la transformación y el crecimiento de la economía paraguaya. Recuerdo que cuando llegamos al país, el hotel donde nos quedábamos casi siempre estaba vacío y casi no había opciones gastronómicas en la ciudad. Al terminar la misión en el banco, el escenario era totalmente otro, con mucha movida comercial, y en todos los ámbitos de negocios. También fue una gran realización profesional llevar adelante la transformación de la marca Interbanco a Itaú.
–¿Qué le enseñó Paraguay?
–Emocionante fue ser parte del regreso de Teletón a Paraguay. El entusiasmo de tanta gente importante, como así de todo el pueblo paraguayo nos contagió a todos los empleados del banco. Enseguida abracé la causa con entusiasmo y determinación. Yo vibré y lloré de alegría y emoción con los resultados que logramos.