Vemos tenis, el Abierto de Australia. Unos se enganchan con el partido de unas lindas rusas, comentan, se entusiasman, otros prefieren esperar a su majestad, Federer. Estamos acampamentados en la sala y en las habitaciones los menos deportistas leen alguna historia, revisan su WhatsApp o comentan en voz más o menos baja las últimas noticias del día. Algunos son adolescentes y otros más pequeños. Mis sobrinos acompañan a mis hijas en sus vacaciones y me abren las puertas de los 40 años en este cálido enero.
Nos han dicho que el Papa aclaró que no es necesario tener hijos como conejos. Almorzamos. Somos 12 con los abuelos. Poner la mesa, cortar la carne para los más chiquitos, felicitar a los que se comen todas las verduras... Hemos rezado para agradecer la vida y el alimento, y pedir por los menos afortunados. ¿Qué habrá querido decir el papa Francisco? ¿Empezaron de nuevo a cuestionar la Humanae Vitae?... Para nosotros es claro que ser una familia numerosa no es una cuestión de estadísticas catastróficas ni de moralinas eclesiales, es solo una realidad tan palpable como poner la sal en la comida o estirar las piernas en una plegadiza bajo los árboles.
Los agentes de la gobernanza mundial suelen hablar de control, de la calidad de vida, del derecho a elegir, pero, si somos sinceros, casi todo se les escapa de las manos. Al menos lo esencial que es lo que cuenta. El miedo engendra su neurosis y su violencia. Hoy impera la intolerancia de los que buscan una autonomía total a costa de no correr un solo riesgo. Pero la vida implica riesgos y en ella hay dolor, aunque tratemos de huir con la planificación asfixiante.
Pero la realidad contradice esta perspectiva a cada momento. No es rosa como en los cuentos de hadas, es cierto, pero tampoco es estática y oscura como los documentos en los que figuramos entre los enemigos de la seguridad primermundista. En este pequeño rincón del mundo nos hacemos preguntas como la niña filipina que, entre lágrimas, preguntó al Papa hace poco ¿por qué sufren los niños? También estamos contentos y eso ¿en dónde es noticia?
Las vacaciones implican un gran aprendizaje cuando las pasamos juntos. A veces, el espacio y el tiempo de cada quien se siente invadido o postergado. Pero es innegable que la vida de cada uno es una riqueza, un aporte, una positividad inconmensurable. A los 40 valoro más mi tradición cultural que celebra la vida.
Al final, alguien aclara lo que en verdad ha dicho el Papa. El problema de la pobreza en el mundo no son las familias numerosas, qué alivio, es el apego excesivo al dinero, el egoísmo, la avaricia... Tenemos que ayudarnos unos a otros a retomar el camino del gusto por la vida.