Editorial

Urgen la contención del hambre y protección de los trabajadores

La pandemia está afectando desproporcionadamente a quienes ya venían sufriendo los efectos de un país que protegió poco a los sectores más vulnerables. La implementación de los primeros intentos de apoyo al consumo mostró problemas, porque el Estado no tenía mecanismos para llegar a esas personas. De a poco se fueron implementando acciones que deben sostenerse en el tiempo y complementarse con otras de mediano y largo plazo de manera que la estrategia médica tenga un impacto positivo pleno. De otra manera, el esfuerzo del Ministerio de Salud puede quedar en la nada debido a la conflictividad social y la desesperación, que harán fracasar la medida de distanciamiento social.

La propuesta de entregar alimentos fracasó por la dificultad de realizar las compras debido a la corrupción existente en las contrataciones públicas. Adicionalmente se agregó la intención de que la distribución sea realizada por autoridades locales con abiertos objetivos prebendarios.

El segundo intento de entregar el equivalente en efectivo tropezó con el desconocimiento de quiénes son y dónde están los que deberían recibir la transferencia. Después de tres décadas de eterna transición democrática, el sector público no contaba con mecanismos para acercarse a la ciudadanía. Esto, a pesar de que votan y pagan impuestos; es decir, ciudadanos que trabajan por el país y aportan con todos los recursos que tenían, pero eran invisibles.

Finalmente, una parte de ellos recibieron un apoyo ínfimo, apenas suficiente para adquirir una canasta de alimentos de baja calidad e insuficiente para satisfacer las necesidades nutricionales. Paralelamente, se implementaron otras medidas, pero con efecto igualmente limitado por su escasa cobertura poblacional y bajo monto.

La mínima cobertura del Instituto de Previsión Social y de los demás programas dirigidos a mitigar la falta de ingresos o empleo, la ausencia de un seguro de desempleo, la falta de políticas dirigidas a las mipymes que generan la mayor parte del empleo urbano, las deficiencias en la implementación de la política agropecuaria y la excesiva dependencia del comercio de reexportación en varias ciudades fronterizas configuran hoy un escenario terrible para muchas familias y un riesgo para el control de la pandemia.

La suma de estas condicionantes puede hacer fracasar las medidas epidemiológicas tomadas y ocasionar un contagio masivo y, lo que es peor, una catástrofe en términos de pérdidas de vidas.

El Gobierno debe asegurarse de diseñar un plan de mediano y largo plazo que garantice el apoyo a la población más vulnerable, que lastimosamente es mayoritaria. Las medidas deben enfocarse en garantizar transferencias de ingresos que permitan al menos alimentarse, pero también medidas que les permitan generar sus propios ingresos a través del trabajo remunerado.

La protección a los pequeños negocios en el sector urbano y a la agricultura familiar en el sector rural es fundamental para mitigar al menos en parte el sufrimiento de estos meses. La exoneración de los servicios públicos básicos, el acceso a recursos para volver a impulsar sus emprendimientos, el control del contrabando, la provisión de la alimentación escolar y el buen funcionamiento de la atención primaria son medidas que no solucionarán la crisis, pero ayudarán a contener la desesperación y la posibilidad de conflictos graves.

El Gobierno debe dar señales claras de que está haciendo todo lo posible por enfrentar no solo desde el punto de vista médico la pandemia, sino también económico, sobre todo en aquellas poblaciones que históricamente han estado excluidas de los beneficios del crecimiento.

El éxito de la estrategia de salud tiene como un determinante importante la tranquilidad social y esta depende de la contención del hambre y la desesperación. Ojalá el Gobierno sepa comprender la situación e implementar las medidas necesarias.

Dejá tu comentario