Editorial

Urge un plan de desarrollo para Ciudad del Este pospandemia

Los recientes acontecimientos en Ciudad del Este son la peor muestra de un sistema económico y político que no ha contribuido al desarrollo. La ausencia de políticas de desarrollo local y regional, la falta de visión de largo plazo, la despreocupación por el bienestar y la corrupción explican la situación actual de este distrito en particular, pero que puede ser asimilado a otros del país. Las autoridades locales y departamentales, junto con las nacionales deben aprender la lección que deja la pandemia y diseñar un ambicioso plan de desarrollo que saque a Ciudad del Este de la situación en la que está.

Ciudad del Este estuvo entre las tres ciudades más importantes del mundo en comercio minorista y probablemente continúe entre las primeras en ese ámbito a pesar de la reducción de la actividad económica de los últimos años. ¿Cómo es posible que uno de los distritos más ricos del país no pueda implementar medidas de contención al hambre y la desesperación social y tener un sistema de salud que funcione ni en tiempos “normales”?

Por si fuera poco, es uno de los distritos que más royalties reciben como transferencia del Ministerio de Hacienda y de manera directa de la represa. Tiene además los recursos propios del Municipio, incluyendo el impuesto inmobiliario. A pesar de todo esto no fue capaz de contar con una política de salud y de protección social implementada desde la Gobernación y el Municipio.

Desde el Gobierno Central tampoco se hizo mucho esfuerzo por impulsar la transformación productiva que desde hace décadas se sabe que es necesaria para reducir la extrema dependencia del Brasil y, sobre todo, para superar el estigma de basar su economía en el comercio muchas veces ilegal.

Los resultados de la ausencia de políticas públicas a pesar de las necesidades y recursos existentes se ven ahora con graves consecuencias para la población, y en lugar de ser mitigadas con propuestas y medidas fueron reprimidas con violencia.

Las autoridades locales, departamentales y nacionales deben con urgencia diseñar, junto con la ciudadanía esteña, una estrategia que contemple medidas de corto, mediano y largo plazo y aprovechar la pandemia para transformar radicalmente la economía local. Una de las acciones urgentes debe ser contener el hambre y garantizar la gratuidad de servicios públicos como agua y energía eléctrica. Con urgencia deben fortalecerse los servicios de salud y no solo los necesarios para enfrentar la pandemia, sino también aquellos que requieren el funcionamiento normal de la atención a la salud.

A corto y mediano plazo, el control del contrabando y un plan de producción de alimentos sanos y a precios justos no solo ayudarán a la población rural de la región sino sobre todo a la contención del hambre por medio de la oferta de alimentos suficientes y de transferencias de ingresos para su adquisición. Es urgente una acción conjunta de los ministerios de Agricultura, Industria y Comercio y Desarrollo Social para activar la economía que permita la generación de al menos los ingresos mínimos necesarios para subsistir el tiempo que requiera la contención de la epidemia y la recuperación económica.

Pero la urgencia no debe impedir el diseño de una estrategia de cambio estructural. Salir de la pandemia y continuar igual será una señal inequívoca de fracaso. El coronavirus debe dejar como aprendizaje la insostenibilidad de la estructura productiva y del sistema político de la región. Es urgente acordar un cambio radical en la trayectoria económica y en la conducción política.

Autoridades y ciudadanía esteña no deben dejar pasar la oportunidad de diseñar un nuevo contrato social que lleve a la región por el camino del desarrollo de manera que la pandemia deje como consecuencia positiva la esperanza de un futuro mejor para todos.

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