Editorial

Una vergonzosa  ausencia de diputados a sesiones 

La vergonzosa actitud de diputados en no asistir a su lugar de trabajo para tratar temas de interés general y  ciudadano es una muestra más de la falta de compromiso con la función que les encomendó el pueblo y la que aceptaron honrar. La Cámara Baja no en vano  tiene el mote de Cámara de la Vergüenza por sus    tropelías a costa del Estado. Esta semana, precisamente, debe analizar  de nuevo varios temas pendientes. En el Senado también ocurrieron desapariciones o desconexiones cuando había que estudiar temas claves.

El jueves pasado, una ausencia masiva de 44 diputados de todas las bancadas causó que no se realice la sesión, dejando sin atender más de 15 proyectos de interés para muchas comunidades. Proyectos como la eliminación de los cupos de combustible para autoridades públicas o la ley de conflicto de intereses asimismo quedaron sin tratarse.

Los diputados que no querían completar el orden del día del miércoles pidieron convocar a sesión extraordinaria el día siguiente para continuar supuestamente con los temas. Sin embargo, no hubo cuórum. Solo tres puntos pudieron tratar el miércoles pasado, el jueves ni uno solo, para dimensionar la desfachatez con que se mueven, especialmente mayoría de colorados y liberales.

Un dato no menor, según publicaciones, es que de las 9 convocatorias ordinarias, solo en cuatro ocasiones se tuvo la cantidad requerida para sesionar, por lo cual llamaron a sesiones extraordinarias. También el Sistema de Información Legislativa (SILpy) registra que en las últimas cuatro convocatorias, 29 diputados tuvieron 3 o más ausencias o llegadas tardías consecutivas.

Las sanciones por faltar sin justificación de forma reiterada es de G. 600.000 y por llegada tardía o retirarse sin permiso es de G. 300.000, que hasta ahora no se cumplieron.

Considerando que son irrisorias, diputados del tercer espacio trabajan en un proyecto de modificación del reglamento interno para igualar el despido con justa causa de un trabajador, conforme al Código Laboral, con el de un diputado. Plantean que el diputado ausente tres veces consecutivas o cinco de forma alternada en el año pueda ser destituido.

Pese a los privilegios que tienen, como un salario jugoso de G. 32.000.000, de cupos de combustible de G. 3.500.000 cada mes, dos meses de vacaciones pagas, muchos simplemente no asisten, llegan tarde o se retiran según la conveniencia.

Si es un asunto de gran motivación particular los parlamentarios en general definen rápidamente. En lo que menos piensan es en la ciudadanía. Creen que el curul es su feudo privado, pero en realidad es al pueblo al que deben representar y rendir cuentas. Ahora, en plena campaña electoral, en lo que más se centran es en la actividad proselitista en sus zonas de influencia, con miras a las internas del domingo 18 de diciembre, por lo cual, en especial, los movimientos de los partidos tradicionales están movilizando a toda su maquinaria.

Aparte de raboneros, un aspecto que no se puede soslayar es el bajo nivel académico y de integridad de varios de nuestros diputados. Algunos no pueden hilvanar una frase. Como mínimo su presencialidad puede matizar esta limitación.

Al menos la multa que contempla el reglamento debe ser aplicada, pero lo ideal sería una sanción ejemplificadora, como la remoción por ausencias reiteradas sin justa causa.

La virtualidad, tanto en el Senado y en Diputados, es otro privilegio atendiendo a que el ciudadano acude ya normalmente porque se levantaron las restricciones. Y además tiene sus dificultades para poder corroborar si el parlamentario sigue en contacto con la sesión.

En el Senado también ocurrieron en las dos últimas semanas desconexiones cuando se debían tratar temas claves o simplemente no aparecieron a las sesiones.

La ciudadanía a la hora de votar debe dar una lección a aquellos que no cumplen con la función que se les asignó, cual es la de representarla en el foro legislativo, donde deben ser la voz de sus reclamos. Caso contrario, seguirán con ese hábito de cuidar solo su interés particular o de quienes financian sus campañas políticas.

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