14 jul 2026

Una muestra recuerda al etnógrafo Guido Boggiani y su fatal destino en Paraguay

Asunción, 9 ago (EFE).- La figura del pintor y etnógrafo italiano Guido Boggiani (1861-1901) brilla este mes en Asunción en una muestra que traza su obra y su fatal odisea por el inhóspito Chaco paraguayo, donde reconvertido en fotógrafo pereció a manos de los indígenas chamacocos, ante cuya cultura había caído fascinado.

Fotografias del 7 de agosto de 2014 de un hombre observando imágenes de nativos chamacocos y caduveos, en una exposición en Asunción. La figura del pintor y etnógrafo italiano Guido Boggiani (1861-1901) brilla este mes en Asunción en esta muestra que traz

Fotografias del 7 de agosto de 2014 de un hombre observando imágenes de nativos chamacocos y caduveos, en una exposición en Asunción. La figura del pintor y etnógrafo italiano Guido Boggiani (1861-1901) brilla este mes en Asunción en esta muestra que traz

La exposición recoge un docena de óleos, en su mayoría paisajes, y algunas de las fotografías, entre originales y reproducciones, que hizo Boggiani a los nativos chamacocos y caduveos con quienes convivió, así como testimonios de la expedición que encontró sus restos, comandada por el español José Fernández Cancio.

La muestra nace con el fin de divulgar la dimensión etnográfica de Boggiani, cuyos trabajos fueron referencia de importantes estudios posteriores como los del antropólogo galo Claude Lévi- Strauss, en concreto su esencial “Tristes Trópicos”, escrito tras sus recorridos por Brasil entre 1935 y 1939.

Pero también con el ánimo de reflejar una peripecia romántica que algunos especialistas equiparan a la aventura polinesia del francés Paul Gauguin o la del poeta Arthur Rimbaud en Indonesia.

“Es la experiencia de un personaje que era más que un etnógrafo, un expedicionario romántico que quiso descubrir un mundo que acabó tragándolo”, dijo a Efe el crítico de arte Ticio Escobar, comisario de la muestra.

En la misma línea, Gherardo La Francesa, ex embajador italiano en Paraguay, destacó el pulso romántico de Boggiani, que abandonó los lujos de una familia rica y su posición como joven pintor reconocido para embarcarse hacía un país todavía devastado por la sangrienta guerra de la Triple Alianza (1865-1870).

“Tanto las obras que vemos en la exposición como sus objetos personales nos dan una idea de un personaje extraordinario que dejó una vida fácil para adentrarse en la selva del Chaco”, señaló La Francesca.

El pintor tenía 26 años cuando en 1888 se instala en Asunción, donde pronto conecta con la intelectualidad de la capital y se hace un nombre en esos círculos.

Ya afincado, se adentra en el Chaco para dibujar los rostros y cuerpos de algunos grupos indígenas como lenguas, tobas y especialmente caduveos y chamacocos, de quienes le atraían sus abalorios y tatuajes.

“Estaba muy interesado en el tema de la belleza, en aquellos grupos étnicos paraguayos con un desarrollo estético más complejo por sus ornamentaciones con plumas y pinturas corporales”, apuntó Escobar.

El resultado de su primer etapa paraguaya son dos libros, uno sobre los chamacoco y otro sobre los caduveo, los cuales publica a su regreso a Italia, en 1893, y dejan una profunda huella en el campo de la etnografía.

Tres años después regresa a Paraguay y lo hace con el trípode y la máquina fotográfica estereoscópica con la que plasmaría algunas de sus imágenes más conocidas sobre el desconocido mundo chamacoco.

“Él trasciende el pictorialismo de sus fotos de paisajes y las convenciones de la fotografía etnográfica y comienza a buscar composiciones, la belleza de la forma. Quizá sin saberlo buscaba la fotografía como arte”, especuló Escobar.

El 24 de octubre de 1901 Boggiani emprende el que sería su último viaje al Chaco, que seguía siendo una tierra ignota.

Transcurre más de medio año y la falta de noticias alarma a la comunidad italiana de Asunción, que comienzan a recaudar fondos para sufragar una expedición que dé con su paradero.

Entra entonces en escena otro personaje de novela, el emigrante asturiano Fernández Cancio, afincado en Argentina y que antes había descubierto los restos del vasco Pedro Enrique de Ibarreta (1859-1898), devorado por los indios tobas cuando exploraba el río Pilcomayo.

“Era un hombre cualificado para esa expedición. Estuvo tres meses en un selva inexplorada hasta que dio con los restos. Tomó fotografías del cráneo, huesos y otros objetos personales como los pedazos de su máquina fotográfica”, señaló La Francesca.

Las investigaciones de Cancio concluyeron que algunos chamacoco fueron los autores del crimen, aunque nadie fue acusado formalmente, lo que contribuyó a aumentar el misterio de la muerte de Boggiani.

“No lo puedo confirmar, pero creo que fue víctima del conflicto armado que tenían los chamacocos y los caduveos. Murió en área chamacoco, y puede que alguien se enojara por ser amigo de los caduveos”, especuló La Francesca.

Las fotografías captadas por Cancio, que también se pueden ver en la exposición, cerraron oficialmente el periplo de Boggiani, que a los 120 años de su muerte todavía se resiste a ser encasillado.

“No podemos catalogarlo ni como pintor, etnógrafo o fotógrafo, y eso es un poco la propuesta de la muestra”, observó Escobar.

La exposición se exhibe en el Museo del Barro hasta el 23 de agosto y está organizada por la Embajada italiana. Guido Boggiani

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