Opinión

Una monedita, por el amor de Dios

Brigitte Colmán – @lakolman

Brigitte ColmánPor Brigitte Colmán

Esta frase que uso en el título me recuerda a otra, específicamente al título de una de las obras de Agustín Barrios, Mangoré. Me refiero a Una limosna por el amor de Dios.

Cuenta la leyenda que estaba Barrios en su casa de El Salvador (el país centroamericano) dando clase a sus alumnos, cuando una ancianita tocó a su puerta, y con voz suplicante le dijo a Mangoré: “Una limosnita por amor de Dios”. Esos golpes a su puerta fueron la inspiración para componer la obra, que –por cierto– fue la última que él compuso antes de morir, el 7 de agosto de 1944.

La historia es apócrifa, pero sería lindo que fuera cierta. En fin… después de este agradable divague, porque siempre es mejor hablar de un genio como Barrios antes que tener que referirme al tema que hoy nos reúne: el billetaje electrónico.

Resulta ser, señor, señora, que hace por lo menos cuatro años debió haberse implementado este sistema de cobro del pasaje del transporte público. Pero, como todo en este país, sufrió retrasos, postergaciones, etc. Por la validación de no sé qué, por esto o por lo otro, siempre había una excusa nueva y diferente a la anterior. Y mientras los burócratas daban vueltas y más vueltas, nosotros, los comunes, comunachos, ciudadanos de a pie, peatones, sufridos usuarios del transporte, nos vimos perjudicados a la hora de pagar el pasaje por la falta de las moneditas.

¿Cuántas veces habremos pagado un pasaje más caro de lo que ya es luego, porque el chofer no tenía para darnos el vuelto? ¿Cuántas veces nos redondeó el chofer el precio del pasaje, por la ausencia de las tan mentadas moneditas?

Y, por cierto, ¿quién lo que es el idiota que fija el pasaje a 2.200 y a 3.600 guaraníes, sabiendo bien que no hay moneditas en este país? Supongo que los que hacen eso no solo andan en Mercedes y beemedoblevés, sino que además nos odian.

En este país nos hacen viajar como si fuéramos apestados. No puedo decir que viajamos como ganado porque ningún ganadero maltrata a sus vacas como nos maltratan a nosotros los usuarios de los ómnibus. Y encima estamos expuestos además a los mafiosos que manejan el tema y solamente piensan en sus propios intereses.

En 2015, Cartes firmó el Decreto 4043, que reglamenta la Ley 5230, del año 2014, “que establece el cobro electrónico del pasaje del transporte público”. Desde esos tiempos estos señores vienen dando vueltas al tema y ni un paso se avanzó. Digo que son señores, porque si fueran mujeres seguro que hace rato el tema estaría bien solucionado.

Según leí recientemente en ÚH, Paraguay es el último país en la región que no tiene este sistema de pago. La cosa funciona más o menos así: con una tarjeta magnética pasamos por un visor y ahí se hace el pago, de forma automática, sin usar dinero efectivo ni explotarle al chofer con la doble función de chofer/cobrador. Para eso, cada usuario va a comprar una tarjeta que va a costar 5.000 guaraníes y la misma podrá ser recargada en lugares establecidos para el efecto.

O sea, chau, chau, adiós a andar mendigando moneditas. Claro, esto, si alguna vez estos ineptos ponen a funcionar de una buena y bendita vez el sistema del billetaje electrónico.

Porque así como van las cosas, no solamente seguiremos mendigando, sino además vamos a seguir pagando pasajes ridículamente cada vez más caros.

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